Llegó Petronio

Agosto 11, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Con el verano y los vientos de agosto llega a Cali la música del Pacífico. En esta ocasión con la dirección de María Elena Quiñonez, secretaria de cultura, y la también de la porteña Teodomira Luna.Se trata de una ocasión única, para que el público, cada vez más nutrido, conozca las fuentes de donde mana la música. Quiero decir que es de las pocas oportunidades en que las audiencias de una ciudad pueden ver y oír en el escenario a agrupaciones de música tradicional. Es decir, a campesinos, mineros y pescadores que, sin dejar su oficio básico, también interpretan música con instrumentos artesanales Podrás ver un violín hecho en guadua traído del norte del Cauca, o una marímbula llegada de la costa chocoana. También muchas marimbas de chonta, y grupos de cantaoras que entonan bellísimas canciones.Estas agrupaciones tradicionales, llegadas de las riberas de los ríos y de los campos y pueblos perdidos del Litoral, constituyen el alma del Petronio, y son los que han convertido este evento en uno de los festivales folclóricos más importante de Latinoamérica y del mundo. No hay ninguna exageración en esta afirmación: así lo han reconocido músicos académicos de tanta trayectoria y méritos como Francisco Zumaqué y Guillermo Carbó, amén de delegados internacionales de la Unesco.El Festival demuestra el acierto del maravillosos compositor húngaro Bela Bartok, cuando afirmó que en la música tradicional las “melodías alcanzan la más alta perfección artística, porque son verdaderos ejemplos de la posibilidad de expresar una idea musical con la mayor perfección, en la forma más sintética y por los medios más modernos” (Sobre la música popular). Gracias al Petronio esa verdad ya la conocemos. Infortunadamente los músicos urbanos aún no la acaban de entender. Ellos todavía creen que “hacer buena música” depende de un complicado aparataje electrónico y de repetir, sin mayor sentido crítico, las canciones y los ritmos de moda llegados de otras culturas.Esta música tradicional es inagotable y perfecta. De ellas surgen las grandes canciones colombianas y eso sucede en todas partes. Pero la urbanización del mundo ha trastocado la vida y la cultura de las comunidades campesinas, por lo que ellas y sus músicas se encuentran en peligro de extinción. Conocerlas, salvaguardarlas y promoverlas es la misión de Festivales como el Petronio Álvarez, y eso obliga a sus organizadores a ser especialmente cuidadosos en la selección de músicos y agrupaciones que se subirán al escenario.Ese es el éxito del Festival , desde que en la primera versión se comprendió que no podía ser de música del Pacífico orquestada, sino que debía centrarse en la música tradicional de naturaleza campesina. Lo hace importante y casi único. Y esos músicos son los que lo han hecho grande. No las grandes orquestas ni los conjuntos electroacústicos, sino el sencillo pescador de Nuquí que toca la marímbula y el humilde minero de Suárez que interpreta un violín encordado con crin de caballo. En la sencillez y en la pureza de esa música prístina es que reside el valor cultural del Petronio Álvarez.Un músico académico nunca podrá alcanzar la excelencia, si no es capaz de apreciar la belleza que brota de la música tradicional.Nos vemos en Petronio el próximo miércoles.

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