Libros

Libros

Diciembre 27, 2010 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

En estos días de fin de año, aptos para la meditación y el descanso, siempre habrá unos cuantos libros que nos reconcilien con las cosas buenas de la condición humana. Pienso en los siguientes:1. ‘Dublinesca’ de Enrique Vila-Matas. En mi concepto la mejor novela publicada en castellano en el presente año. Un canto a la buena literatura. Vila-Matas lleva hasta un extremo riesgoso la idea de que la buena ficción no depende de la trama. Aquí no hay complicadas conspiraciones, ni relatos de aventuras exóticas, ni descripciones que pretendan convertirse en guiones cinematográficos. Hay sí, creación de complejos personajes, recreación de recuerdos, reflexiones y un constante acudir a la propia experiencia literaria. El eje de la novela trata de un viaje hecho por amigos a la Dublín de James Joyce, en el que en realidad no sucede mayor cosa digna de mención. Pero entre la planeación del viaje, su realización y el retorno, asistimos a un despliegue fascinante de indagación literaria y al espectáculo de una inteligencia brillante navegando por los meandros de la naturaleza humana. Vila-matas vuela más alto y más lejos que cualquier escritor en castellano de la actualidad y nos muestra una novela que, generada en la misma literatura, debe hacer uso de un lenguaje artístico al que el cine jamás podrá acercarse, y que deja como banalidades a los textos que siguen al pie de la letra los cánones del best-seller contemporáneo. 2. ‘Tres ataúdes blancos’ de Antonio Ungar. Una sorpresa de fin de año, novela ganadora del premio Herralde, uno de los más prestigiosos en español. Sorprende por varias razones: el eco que hay en sus páginas de ‘La conjura de los necios’ de Jhon Kennedy Toole, la capacidad para novelar los acontecimientos recientes de Colombia y la buena factura literaria. Una crítica devastadora del uribismo en el poder, una burla sin concesiones al arribismo e hipocresía de las élites colombianas, agudo sentido del humor y una buena dosis de escepticismo filosófico, tan necesaria en estos tiempos de espejismos fabricados desde el poder. Aunque la crítica internacional ha señalado que puede referirse a la situación de cualquier país latinoamericano, no cabe duda que su referente es la Colombia de la administración Uribe y Ungar así lo indica cuando en la página 154 reproduce la letra de la canción ‘Noches de Cartagena’ y nos indica que fue compuesta por un coterráneo del presidente Tomás del Pito –nombre ficcional de Álvaro Uribe-, aludiendo al antioqueño Jaime Echavarría. Cierta desmesura del lenguaje y la capacidad para burlarse de todo y de todos, hacen de esta novela un buen ejemplo para los narradores colombianos, en especial para aquellos que están empeñados en ficcionalizar la realidad nacional y no son capaces de desprenderse de su fascinación por la violencia. Ungar entra pisando fuerte en la escena literaria en español.3. ‘El cementerio de Praga’ de Umberto Eco. Nada es lo que parece ser en esta novela provocadora. Algo de hedonismo con respecto a la buena cocina francesa del Siglo XIX y un reto franco a las convenciones europeas contemporáneas. Políticamente incorrecta, es la literatura en su mejor expresión: la escritura como obra de arte.Desafortunadamente, estas tres joyas no se encuentran muy a la vista en la Librería Nacional, como ya es usual. Sus estanterías las domina la moda, no la literatura.

VER COMENTARIOS
Columnistas