Las tres cruces

Julio 14, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

En la página web de la alcaldía se puede leer que es un “Promontorio de 1465 metros sobre el nivel del mar, se levanta airoso sobre el norte de Santiago de Cali. En su cima los caleños a insinuaciones de los frailes Vicente y Juan Cuesta, colocaron en 1837 tres cruces de Guadua para conjurar a la ciudad de los males del “Buziraco”, demonio que desde España anuncio la ruina de Cali. Estas gigantes cruces en lo alto de las montañas occidentales, son tradicionales por las peregrinaciones de los fieles que cada 3 de Mayo y en época de Semana Santa suben para hacer penitencia”.Consecuente con esta afirmación, la vía que conduce al corregimiento de Montebello, donde se ubican las Tres Cruces, se considera una de las “vías turísticas” de la ciudad. Pero en contradicción con lo anterior, basta recorrerla para constatar que las autoridades no tienen ningún interés en el desarrollo turístico de Cali, como tampoco en los patrimonios culturales que lo promueven.Angosta, llena de baches, sin andenes, con cableado aéreo de aluminio a la intemperie para conducir energía, esta vía no presenta ningún atractivo para el turista y más bien constituye un desestímulo para quien quiera conocer uno de los monumentos icónicos de la ciudad. Algo similar sucede con la vía a Cristo Rey que, para colmo de males, se encuentra deteriorado. En realidad, nuestros llamados “cerros tutelares” se hallan en estado de abandono.Pero algo peor sucede con el acceso a las Tres Cruces, pues allá se encuentra el corregimiento de Montebello, que es el más poblado de los corregimientos de Cali, en el que se vive una odisea diaria para transportarse a la ciudad. No llega el Mío, a medio camino hay una gigantesca cantera en terrenos del municipio que ya ha desaparecido una montaña entera y amenaza a la urbanización Altos de Normandía, y no existen los controles de tránsito para un constante flujo de viejos camperos sobrecargados y motociclistas irresponsables que causan accidentes casi a diario.Las grandes volquetas cargadas de material pétreo extraído de la montaña también contribuyen al deterioro de la vía, amén de que constituyen un riesgo para la población local, lo mismo que para los supuestos “turistas” que de casualidad se atrevan a transitar por esta vía vergonzosa.De paso, ¿qué negocio existe entre el municipio y los propietarios de la explotación minera que se encuentra a medio camino? ¿Qué piensan los vecinos de Altos de Normandía que han visto desaparecer la montaña rocosa que los protegía de posibles deslizamientos? ¿Existe algún estudio sobre los riesgos para la ciudad por la explotación minera en esta montaña?Adicional a esto, otro problema grave es el estado de las aguas de la quebrada El Chocho y el río Aguacatal, afluente del Cali. Son una muestra, localizada a 10 minutos en carro de la Plaza de Caicedo, de la desidia de las autoridades sobre el cuidado de las cuencas y de la manera irresponsable como se tratan las fuentes de agua que tiene la ciudad. Aquí influye no sólo la explotación minera, sino también la ausencia de tratamiento sobre las aguas negras generadas por el poblamiento en la zona.Sería más decente que en los medios oficiales de información no se escriba una palabra sobre sitios y vías de desarrollo turístico, cuando la realidad indica que a las autoridades oficiales el asunto les importa un comino.

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