Las cosas cambian

Las cosas cambian

Noviembre 07, 2011 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Bogotá, Magangué y Bello, son municipios en los que la ciudadanía demostró que las cosas pueden cambiar para bien en Colombia. Pero también Cali, Barranquilla y Antioquia.No tanto por la derrota del uribismo, que se prevía, dado el volumen y gravedad de los escándalos que hoy rodean las ejecutorias del expresidente, como porque significan un nuevo comienzo para la izquierda democrática en Colombia y un golpe severo a las mafias de distinto tipo, entre ellas el paramilitarismo, que es su peor expresión.La victoria electoral de Petro muestra la madurez del electorado bogotano y constituye un golpe severo a la izquierda dogmática, la integrada por la manguala entre el Partido Comunista y el ala sectaria del Moir. Robledo, un hombre inteligente y bien preparado, pagó caro su unión con especímenes como Jaime Dussán, los bonzos sindicales del partido comunista, Samuel Moreno y demás chisgarabís. Es el precio por haber sido vacilante frente al terrorismo e indulgente con la táctica de “combinación de todas las formas de lucha”. Para ellos no hay futuro.Pero sí resplandece para la izquierda que representa Gustavo Petro, sobre todo si hace realidad su propuesta de construir y dotar 1.100 jardines infantiles públicos para los niños pobres de Bogotá, con una inversión de más de 1 billón de pesos anuales. Le basta eso para pasar a la historia y sentar un ejemplo que deberá ser seguido en todo el país. Es la más extraordinaria propuesta de campaña que he escuchado en mi vida, y una que de veras impacta el tema de la desigualdad social.Además, otro progresista, Marcelo Torres, le propinó una contundente derrota a las oscuras fuerzas de ‘La gata’ en Magangué, su fortín electoral y social. Sobre todo porque demostró la flexibilidad, capacidad de concertación y valentía de esta nueva izquierda democrática: Marcelo unió a todos en Magangué contra las fuerzas de la mafia: liberales, conservadores, gentes de la U e independientes, sin pactos burocráticos y bajo una sola idea, limpiar a Magangué del poder de la mafia, que convirtió a ese importante municipio del río Magdalena en una cárcel donde imperaba el terror y la corrupción sin límites. Esta izquierda democrática de Petro y Marcelo representa la renovación del país y a las fuerzas sociales más sanas de la sociedad colombiana. Las mismas que lograron otro milagro: impedir le elección del alcalde que representa a los paracos del grupo liderado por Óscar Suárez Mira, haciendo un uso consciente del voto en blanco. Un hecho histórico, en el corazón de la paraquería, que ya había imaginado el nobel Saramago en una población de Europa. No, pasó en Bello, un municipio del trópico, donde a menudo se piensa que la gente no vota en conciencia, sino gracias a prebendas o al miedo.Si a todo lo anterior se le suma el triunfo de Fajardo en Antioquia, de Elsa Noguera en Barranquilla y de Rodrigo Guerrero en Cali, podemos pensar que Colombia está cambiando para bien, y que las fuerzas oscuras que han mangoneado al país durante años han comenzado a ser arrinconadas en todas partes. Hay que estar alertas, ellas no se irán sin pataleo.Pero, al menos por ahora, hay razones para sonreír.

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