La leche derramada

Octubre 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Los problemas de movilidad de Cali, que eran pocos, se acrecentaron en magnitudes insospechadas cuando se decidió convertir a la flota de buses articulados en el eje del sistema de transporte público de la ciudad.Esa fue una decisión inconsulta con la ciudadanía, que había comenzado a pagar por la construcción de un Metro Ligero, como se propuso por la época en que Francisco José Lloreda era Director de Planeación de Cali. Se trataba de una solución viable, ambientalmente positiva, menos costosa operacionalmente y con mayor vida útil. Además no implicaba una intervención enojosa en las principales vías de la ciudad, al menos no de las dimensiones que significó la gestación del MÍO.Pero había que pagar los aportes de Cemex a la campaña presidencial de Álvaro Uribe, por lo que el Gobierno Nacional presionó para que Cali cambiara su proyecto de tren por el de buses articulados, para lo cual contó con la docilidad de un alcalde pusilánime, que en mala hora elegimos. En su momento se escribió bastante, con tino y desde diferentes vertientes, sobre el asunto. Pero nada detuvo al Gobierno Nacional y al pésimo alcalde de entonces.Y se nos vino encima la vorágine constructiva, la orgía de compra de cemento, las múltiples amenazas contra la arborización de la ciudad, la privatización de parte sustancial de las vías públicas, los líos de contratación con empresarios voraces, los incumplimientos, las obras de mala calidad, las componendas de los transportadores, etc., etc. Hasta robos de pliegos en las oficinas de Metrocali hubo, sin que jamás la policía se dignara a encontrar los responsables.Como resultado Cali perdió la buena movilidad que tenía, atestada de buses, busetas, camperos, taxis, vehículos particulares, motos y hasta carretillas, todos transitando por vías más angostas, mientras que la flota de buses articulados iba a la zaga de las necesidades ciudadanas. Nos volvimos como Bogotá, sin tener la población de esa ciudad, hasta el pico y placa le copiamos.Esta es la ‘leche derramada’ sobre la que se dice ‘no hay que llorar’. Hay que actuar y resolver los problemas que tenemos, así los ‘platos rotos’ sean estropicio de otros. Hay que descongestionar la ciudad. De allí que sea necesario brindar todo el apoyo al alcalde Guerrero y al secretario Hadad, al proponerse sacar de circulación a todos los medios de transporte masivos diferentes al MÍO, al mismo tiempo que se incrementa la flota de buses articulados y se aumenta su frecuencia de servicio. Al final, ya que nos costaron tanto, tendrán que llegar hasta el último rincón de las laderas de Cali, así sea por sistemas de cable.Sé que hay problemas en sectores de la ciudad densamente poblados en el que el MÍO no alcanza a prestar un servicio de buena calidad, pero también soy consciente de que la salida de buses y busetas en rutas que le hacían competencia a los buses articulados ha impactado positivamente la movilidad de Cali.Y a los empresarios del transporte que se negaron a sacar sus vehículos para atender los sectores en los cuales el MÍO es insuficiente, hay que hacerles sentir todo el peso de la autoridad.Tal vez así Cali vuelva a parecerse a la amable ciudad anterior a la construcción del MÍO, al menos en lo que a movilidad se refiere.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad