La esquiva paz

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La paz es ausencia de guerra pero no de conflictos. Una sociedad...

La esquiva paz

Septiembre 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

La paz es ausencia de guerra pero no de conflictos. Una sociedad pacífica es la que tramita sus conflictos de manera pacífica, con respeto de la legalidad y defensa de los derechos humanos.Que Colombia llegue algún día a ser así es un anhelo general. De allí que el anuncio del Presidente sobre el inicio de conversaciones para lograr la paz con la guerrilla sea tan bien recibido. Pero no hay que echar a volar las palomas antes de conseguirla, como ha sido usual en el pasado.Ahora veo con buenos ojos el hecho de que el anuncio reciente haya sido precedido por más de un año de conversaciones “exploratorias” entre el gobierno y las Farc. Pues ello revela prudencia y cuidado. Que no supiéramos de aquellas charlas es indicio de que no hay un cálculo electorero detrás de ellas Infortunadamente, que la información hubiera sido entregada a Telesur, presumiblemente por las Farc, forzando al gobierno hacer un anuncio formal, es un mal precedente sobre cómo se comportará esta guerrilla en el proceso de diálogo.Y en realidad ese es el problema que nos llama a enarbolar un sano escepticismo. Pues el Presidente puede decir que estas conversaciones son para “terminar la guerra”, pero si lo mismo no lo dicen, ni lo piensan las Farc, no habrá manera de llegar a buen puerto. Y una nueva frustración estaría a la vuelta de la esquina.En sentido estricto, todo depende de la voluntad de paz de las Farc. De que hayan comprendido, al fin, que su mejor alternativa es desmovilizarse e integrarse a la vida civil, para seguir luchando por sus convicciones por medios democráticos. Que eso es posible lo demostraron el M-19 y los movimientos de izquierda que no le hacen el juego al terrorismo. Pero si las Farc toman esta oportunidad como una táctica para prolongar el conflicto, reorganizar sus tropas y mandos, y volver a las andadas tras de echarle la culpa por el fracaso de las conversaciones al gobierno, con cualquier pretexto, estaremos ante un sainete, esta vez trágico.Y creo que el gobierno, pese a su insistencia en “no repetir los errores del pasado”, volvió a cometer uno: incluir en los diálogos la discusión sobre reformas sociales y políticas que no pueden resolverse en una mesa de conversaciones, sino que son del resorte del debate democrático y de la decisión del Congreso de la República. Esos temas son una insistencia de las Farc, que le otorgan el pretexto para prolongar los diálogos y romperlos cuando se les antoje, aduciendo “el incumplimiento” del gobierno.Y son ridículos, pues pretender lograr su “revolución” en la mesa de negociaciones cuando no la lograron en medio siglo de violencia, sangre y sufrimiento, no pasa de ser una viveza, una marrulla de tahúres, un ardid de quienes no están dispuestos a ceder a nada con tal de lograr la paz. La idea de que todo proceso de negociación implica concesiones que lleven al obtener un objetivo superior no parece estar en la mente de los estrategas de la guerrilla.Más grave el entorno: tanto los que aspiran a sacar dividendos de los diálogos como Piedad Córdoba y sus áulicos, lo mismo que Clara López y el Polo Democrático, como los enemigos de cualquier proceso de paz, como Álvaro Uribe y su banda de fanáticos sedientos de sangre.Ojalá el gobierno de Santos pueda llevar a buen término este proceso, pero lo dudo.

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