Ingenuidades

Ingenuidades

Agosto 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

La negativa de las autoridades del movimiento indígena al establecimiento de un batallón de Alta Montaña en Tacueyó, pretextando su soberanía sobre “los territorios indígenas” y aduciendo que ellos mismos se harán cargo de la seguridad en esas zonas martirizadas por la violencia, bien podría ser tomada como una muestra de ingenuidad, por decir lo menos.Pues se sabe que en la región limítrofe entre los departamentos de Tolima, Cauca y Valle, desde hace más de cuarenta años existe un control territorial por parte del Sexto Frente de las Farc, una militarización de la vida civil, constantes incursiones contra la vida y bienes de miles de propietarios rurales, y desde hace un par de décadas proliferación de cultivos ilícitos, incluidos entre ellos la flor de la amapola, sin que estos acontecimientos hayan conmovido en el pasado a los dirigentes indígenas que hoy claman en contra de la presencia del ejército.Y eso que sus hijos han sido reclutados, muchas veces a la brava. Nunca supe de una declaración de estos dirigentes contra la presencia de las Farc en los “territorios indígenas”. Se dirá que esa guerrilla aterrorizó a los pobladores y que su vida corría grave peligro si se atrevían a protestar en su contra. No dudo que ello sea cierto, pues la amenaza armada ha sido uno de los recursos más socorridos para someter a poblaciones enteras.Me imagino que también están amenazados ahora, por esa misma guerrilla, y compelidos para que se opongan a la presencia del ejército. Desde luego, eso les sirve a las Farc y no al movimiento indígena. Y si bien el temor es una razón poderosa para explicar comportamientos erráticos, también debiera tenerse en cuenta que la experiencia de los indígenas con las fuerzas armadas no ha sido propiamente benéfica.Pues soldados y oficiales se prestaron, no hace mucho, para desalojar a campesinos e indígenas de tierras reclamadas por terratenientes o narcotraficantes, e incluso una gran masacre ocurrió, con participación de policías, en las martirizadas tierras caucanas (recordar el caso de la hacienda Emperatriz, en Caloto, por la que el estado colombiano resultó condenado y obligado a la reparación de las víctimas).Incluso el mundo entero pudo ver, por CNN, las imágenes de un militar disparando su arma contra la pacífica marcha indígena que se dirigía a Cali, durante el gobierno de Álvaro Uribe.Así, si bien se puede entender la reticencia de las autoridades indígenas frente a los destacamentos militares y de policía, no se puede comprender que, al mismo tiempo, hayan guardado silencio frente a la prolongada ocupación de su territorio hecha por las Farc. Y los también múltiples vejámenes de que han sido objeto por parte de esta guerrilla (recordar la matanza de Inzá).Desde luego, la confianza hay que restablecerla. Y eso dependerá, en buena parte del comportamiento de los militares destinados al batallón de Tacueyó. La defensa de los derechos humanos, el respeto a la vida, cultura y tradiciones de los indígenas, e incluso la participación solidaria en sus “mingas”, serán comportamientos necesarios para que la misión de los militares en aquella región atribulada se pueda coronar con éxito.Y las autoridades indígenas deben facilitar los acercamientos y dejar de creer que ellas pueden hacer ahora, sin ayuda, lo que no pudieron hacer en 40 años: Sacar a las Farc de su territorio.

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