Hipocresía del poder

Hipocresía del poder

Diciembre 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

La libre expresión, la transparencia y la ausencia de ‘secretos de Estado’ son algunos de los fundamentos de la democracia. De hecho, es lo que la robustece, a diferencia de lo que sucede con los regímenes totalitarios.De allí que la filtración hecha por Wikileaks de una gran cantidad de documentos ‘clasificados’ –un eufemismo para no usar la expresión ‘secretos’- emanados de diferentes embajadas de Estados Unidos en distintas partes del mundo, no puede más que considerarse como un servicio para el fortalecimiento de la democracia. Assange no debiera ser perseguido, sino condecorado.Otra cosa piensan algunos políticos que, rojos de ira, denuncian que la filtración equivale a terrorismo. Pero ellos están encubriendo actividades ilegales como el bombardeo de ‘saturación’ de Bagdad y otras ciudades iraquíes y el soborno a magistrados y a gobiernos para que no investiguen crímenes de guerra, así como los ataques con aviones no tripulados en áreas civiles de Afganistán, Pakistán y Yemen. Todo esto, y más, lo ha puesto en evidencia Wikileaks y a esos políticos no les gusta.Desde luego, como el asunto compromete a muchos gobiernos del mundo la reacción desde el poder contra las filtraciones tiene un tono similar. También en Colombia, pese a que apenas comienzan a conocerse los cables de la embajada estadounidense en el país. Ahora sabemos, por ejemplo, que el uso de las bases colombianas por personal de Estados Unidos no se produjo tanto por presión de Washington, sino por insistencia del gobierno colombiano. El gobierno de Uribe fue una especie de campeón mundial de cipayismo. Pero claro, nunca leeremos una autocrítica de los ‘analistas’ que nos ‘explicaron’ que aquella medida se debió a que no podíamos desairar al país que más nos había ayudado en la lucha contra el narcotráfico.Como tampoco encontraremos que los funcionarios colombianos que peregrinaron a la embajada a ganar méritos con sus revelaciones, ahora se sostengan en ellas. Como el general Naranjo, por ejemplo. Según el documento de la embajada gringa publicado por Le Monde el jefe de la Policía colombiana afirmó que “el Presidente Uribe no sabía la magnitud y la gravedad de la orden que habrían dado Moreno y Gaviria”, refiriéndose al tema de las chuzadas del DAS.Puesto en evidencia, Naranjo sólo ha atinado a decir, según Uribe, que él no había afirmado lo que dice el cable, sino que Moreno y Gaviria tenían mucha información sobre el asunto, lo que es completamente distinto. ¿A quién creerle? ¿Al documento escrito por el entonces embajador Brownfield, que se mantenía en secreto? ¿A Uribe, que es parte interesada en el asunto y que miente con tanta desfachatez? ¿O al jefe de la Policía colombiana, quien no sabía que su hermano era narcotraficante en Alemania?El cable es claro: Moreno y Gaviria dieron “la orden” de chuzar. Uribe no supo de la “magnitud y gravedad” de esa orden. Pero, ¿sabía de la “orden”? Según Bernardo Moreno sí, porque él declaró en público que “el Presidente estaba al tanto de todo lo que sucedía en el DAS”.Pero no le pareció “grave”, lo que es comprensible en un individuo que tampoco vio gravedad en nombrar al asesino Salvador Arana como embajador en Chile o al paraco Noguera –ese “buen muchacho”- en la dirección del DAS.Gracias a Wikileaks por ayudarnos a entender la hipocresía del poder.

VER COMENTARIOS
Columnistas