Enredos de la paz

Noviembre 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Hay que tomar nota de la carta de Álvaro Uribe al exministro Álvaro Leyva, en la que explica por qué no puede apoyar el proceso de paz que se realiza en La Habana.Una muestra del tono, y de las discusiones que puede suscitar, lo mismo que de los acontecimientos por venir, es la siguiente frase: “Suponemos que el Gobierno está enterado de la creación de grupos de justicia privada en varias regiones”.Al respecto algo había oído, en el sentido de que grandes propietarios rurales y empresarios poderosos han comenzado a reunirse para coordinar acciones que les permitan enfrentar unos eventuales acuerdos con las Farc que, de acuerdo con los vaticinios uribistas, resulten en una “castro chavización” del país. Más allá del absurdo que la tal “castro chavización” supone, se trata de una amenaza, de la creación de un movimiento subterráneo que está dispuesto a apelar a las armas, a la justicia por mano propia, para detener la implementación de los acuerdos de paz si es que finalmente se logran. Se trata de una apuesta dura: o se aceptan mis objeciones y se detiene el proceso tal como va, o habrá una nueva matanza, esta vez a cargo de “grupos de justicia privada”.La carta de Uribe no se aparta mayor cosa del documento escrito por Alfredo Rangel en el que se habla de las “52 claudicaciones” del estado frente a las Farc, en el que se confunden interpretaciones del uribismo con documentos firmados en la mesa de negociaciones, o se toman opiniones de funcionarios del Estado como representativas de la postura oficial en la mesa de negociaciones. El portal La Silla Vacía hizo un análisis ponderado de las supuestas claudicaciones, al que remito a mis lectores: http://lasillavacia.com/historia/detector-de-mentiras-las-capitulaciones-del-uribismo-48896.Algo similar sucede con la carta de Uribe cuando afirma que no puede apoyar el proceso porque no se pactó un cese unilateral de acciones criminales por parte de las Farc. Esta es una diferencia de opinión, pues no está probado, en ninguna parte, que un cese unilateral de acciones de la guerrilla sea prerrequisito de la paz. De hecho, en la mayoría de los procesos exitosos a nivel internacional resultó más exitoso “negociar en medio del conflicto”, que hacerlo en medio de una ficción de paz inexistente. En general, el radicalismo impregna toda la carta del exmandatario, sin que se tome el trabajo de tratar de demostrar que existe otra estrategia, sensata y razonada, para que se alcance la paz en Colombia. A la carta le hace falta ponderación y grandeza de miras, hasta el punto de que parece celebrar que se estén creando “grupos de justicia privada en varias regiones”.Lo que no quiere decir que al gobierno le asista toda la razón y que no haya alguna idea rescatable en el mensaje uribista. Lo que sucede es que resulta difícil de percibirlo, por una tara ideológica: Álvaro Uribe nunca ha comprendido, ni aceptado al Derecho Internacional Humanitario, que es la legislación vigente en los “conflictos armados internos que no tienen alcance Internacional”. Por eso mismo sigue sin aceptar que Colombia atraviese por una situación de conflicto armado interno.Si lo entendiera, sabría que una exigencia justa al gobierno sería pedirle una declaración en la que señale que la comisión de “crímenes de guerra” es incompatible con el proceso de paz. Y que no está bien amenazar con “grupos de justicia privada”.

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