Elegancias

Febrero 16, 2011 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Hay falsas elegancias del idioma hablado y escrito que nos van a matar y se han generalizado tanto que para mucha gente han comenzado a ser legítimas. En las instituciones educativas, por ejemplo, hay quienes “cancelan la matrícula” y no se sabe si es que ya pagaron o es que no van a estudiar. Igual pasa con los tiquetes aéreos, cuando algunas personas “cancelan el pasaje”: ¿Desistieron de viajar o pagaron? La falsa elegancia de utilizar el verbo ‘cancelar’ en reemplazo de ‘pagar’ lleva a confusiones innecesarias y potencialmente perjudiciales.En el mundo de los restaurantes se volvieron elegantes desde hace un tiempo para acá los platos con ‘vegetales’, hechos a base de distintos tipos de lechugas, tomates, zanahorias y otras especies de esas que toda la vida tuvieron, no uno, sino tres nombres: verduras, hortalizas o legumbres. Lo ‘vegetal’, en su acepción original, es aquel reino de seres orgánicos que crecen y viven, pero no se pueden mover por su propia voluntad. Por eso son vegetales los árboles, la hierba y el musgo y, por supuesto, también las hortalizas. Pero cuando se habla de ensaladas o de sopas con ‘vegetales’, se apela a una falsa elegancia completamente innecesaria, existiendo en español tres lindas palabras para denominar lo mismo.Al lenguaje de los funcionarios oficiales llegó, procedente de la academia, la moda de usar la palabra ‘socializar’, como reemplazo de divulgar, comunicar, publicar, informar o simplemente contar. En este caso, de nuevo, no se entiende a cuenta de qué había necesidad de traer del inglés el neologismo socialize para conjugarlo en español bárbaramente. Si de algo sirve para aclarar este punto, la palabra ‘socializar’ existe en español con dos significados: transferir al Estado, o a otro órgano colectivo, las propiedades, industrias, etc., particulares; o promover las condiciones sociales que, independientemente de las relaciones con el Estado, favorezcan en los seres humanos el desarrollo integral de su persona (Drae).Otra elegancia espuria que se ha ido colando en el habla de todos los días, sobre todo en la publicidad de radio y televisión, es la de ‘esperar por’, en lugar de ‘esperar a’, como debe decirse en nuestro idioma. Tal vez por haber estado expuestos mucho tiempo a los anuncios y a las pésimas traducciones de algunas películas, a algunos jóvenes les cuesta muchísimo trabajo entender que la forma correcta es la segunda y no la primera.Y en esta lista arbitraria e incompleta de falsas elegancias no podía faltar, por supuesto, la campeona: decir ‘colocar’ en vez de ‘poner’. Un asunto que empezó por expresiones simples como “colocar el vaso encima de la mesa”, porque “sólo las gallinas ponen”, se fue sofisticando hasta límites inverosímiles como “colocar atención” o “colocarse bravo”, retruécanos que hoy se pueden escuchar hasta de gente graduada en buenas universidades y viajada por muchos países.“Todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro”, decía Albert Camus. No se trata, en estos casos, de condenar las falsas elegancias por purismo vano, sino de evitar imprecisiones y equívocos y también de rescatar palabras más apropiadas y hasta bonitas, que todavía conservan su significado y utilidad para el uso cotidiano.

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