El Gato de Tejada

Diciembre 01, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Me desempeñaba como Gerente cultural del Valle, por honrosa designación que me hizo el entonces gobernador Germán Villegas, cuando erigimos la escultura de Hernando Tejada a orillas del río Cali.Me correspondió, entonces, estar al frente del proceso que permitió la erección del ‘Gato del Río’, como se ha dado en llamar a esta escultura, que no habría sido posible sin la generosidad de Hernando Tejada y el apoyo decidido del gobernador Villegas quien aportó las partidas necesarias para dar inicio al proceso de construcción de la escultura. Lo mismo hizo el alcalde de Cali Mauricio Guzmán, su secretario de Cultura Carlos Esteban Mejía, y la entonces directora de Colcultura Isadora de Norden.Nadie le ‘encargó’ a Tejada la escultura de un gato. Como lo ha recordado bien Medardo Arias, Tejada nos contó, a él y a mí, que había “soñado” con una avenida llena de esculturas de gatos, un animal que estaba presente en toda su obra y por el que sentía especial aprecio. Entonces le cogimos la palabra y nos pusimos manos a la obra para hacer realidad aquel sueño.Germán Villegas entregó apoyo entusiasta a ese emprendimiento, y en la gobernación establecimos un comité especial para hacer realidad el proyecto. Lo conformaron Luis Guillermo Restrepo, Andrea Buenaventura, Carlos Alberto Roldán y las grandes amigas de Tejada y expertas en arte, Soffy Arboleda, Martha Hoyos y María Thereza Negreiros. Luego se integrarían Carlos Esteban Mejía y, desde la distancia, Isadora de Norden. Es un de las mejores comisiones de trabajo que haya presidido en mi vida. En la escultura se colocó una placa en la que se recuerdan esos nombres, pero que misteriosamente desapareció, como si alguien no quisiera que la ciudad recordara a quienes hicieron posible la escultura del gato, que se ha vuelto un ícono de Cali.Por la escasez de recursos que es endémica en el caso de la cultura, adoptamos un modelo autogestionario, con participación de Tejada, quien le permitió a su sobrino Alejandro realizar unas réplicas del Gato, cuyo trabajo fue debidamente cancelado, y que fueron adquiridas, en su mayoría, por los gabinetes de la gobernación y el municipio (Luz Helena Azcárate hizo una muy buena labor en este aspecto). Luis Guillermo Restrepo y yo adoptamos la costumbre semanal de almorzar con Tejada sancocho de pescado en el restaurante Consulado del Pacífico, los sábados, donde revisábamos el proyecto, discutíamos los problemas que se presentaban y se planteaban alternativas para llegar a buen puerto. Tampoco olvido aquellos almuerzos.Aunque parezca difícil, resultó sencillo hacer realidad el sueño de Tejada, pues no había, ni hay, artista más querido por Cali. Lo mejor de su obra, desde los Murales de la Estación, hasta el Gato del Río, están en Cali, la ciudad que lo acogió e hizo grande. Sus obras más notables fueron adquiridas por sus amigos y amigas de Cali. Basta visitar la casa de Soffy para comprobarlo.Y Cali quiso tener toda su obra, una vez este gran artista falleció. Ya como secretario de Cultura del municipio, en compañía de Soffy Arboleda y María Thereza Negreiros, le propusimos a José, el hermano mayor de Hernando, que el municipio adquiriría la casa del artista para conservarla como una casa Museo, pero nunca tuvimos respuesta.Ahora que el Gato está deteriorado, valdría la pena hablar con el que lo construyó, el maestro fundidor Rafael Franco, o sus discípulos, para que lo repare como debe ser.

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