De la Justicia

De la Justicia

Noviembre 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Leo en El Tiempo que “Un juez de control de garantía dejó en libertad este sábado al patrullero Miller Andrés Ramos Escobar quien se presentó voluntariamente el pasado viernes ante la Dijín de Cali y reconoció sus vínculos en la masacre de ocho personas en una finca en Cali”. Ver la información completa en http://bit.ly/10eVVMHLos comentarios de los lectores de esta noticia son de asombro. ¿Cómo es posible que un policía vinculado a la masacre, que además reconoció sus vínculos, pueda ser dejado en libertad? Mientras leemos esto, también sabemos que pronto saldrá en libertad el hombre encarcelado por robar chocolatinas en los supermercados. Algo está muy mal en la justicia colombiana, cuando se encarcela a un ladrón de chocolatinas y se deja libre a un participante en la masacre de 8 personas que, además, confesó su relación.Con razón un buen amigo, que se desempeñó como juez, en alguna ocasión me dijo que en las cárceles colombianas existía una mayoría de reclusos que no constituían un peligro para la sociedad, con respecto a los que sí constituyen un peligro social y se encuentran en libertad, o en detención domiciliaria.Este hecho, que es una aberración, tan sólo es la muestra de un agite más profundo, que involucra, además de los jueces y magistrados, también al personal de la fuerza pública, pues el patrullero del que se informa es miembro activo de la policía nacional. ¿Qué ha hecho la policía al respecto?Siempre he sospechado que la policía conoce a los cabecillas de los grupos criminales, sabe dónde viven o se esconden, y están al tanto de sus prontuarios. Pero sólo actúa cuando sucede algún delito atroz, de esos que impactan a la sociedad en su conjunto. En Buenaventura, por ejemplo, es así. También en zona rural de Florida y Pradera, al menos hasta hace algunos años. Y con seguridad sucede en Cali, en todas sus comunas y barrios. Pero no se hace nada hasta que no se prende una alarma roja y se emberraca algún general que no está untado.Es como en México: la policía detiene a 43 estudiantes de una normal y los entrega a un grupo armado de narcotraficantes y, más de un mes después del hecho, nadie sabe nada. ¿Qué indica esto? Que la policía está profundamente involucrada en el hecho y que muchos más policías saben que pasó y quienes son los responsables del crimen atroz. También dónde están, pero no pueden decir nada por su grado de involucramiento con los criminales.Yo llegué a creer que la policía colombiana había sufrido una depuración cuando estuvo al mando el general Naranjo, que separó de la institución a las manzanas podridas, pero ahora, al leer la noticia de que se trata, lo dudo mucho. Y no sé si es que la depuración no tocó fondo o simplemente no la hubo, y tan sólo recibimos comunicados de prensa y declaraciones altisonantes, cuando de verdad nada estaba pasando.¿Y qué decir de los jueces? Parecen aliados de los miembros de la fuerza pública relacionados con hampones, o al menos lo parece este juez en particular, cuando deja en libertad a un delincuente confeso.Pésimo indicio, ya vaticinado: “Cuando la sal se corrompe, ¿cómo evitar que se corrompa el pueblo?”. Pero así son los organismos sociales: a diferencias de los animales, se corrompen antes de morir.

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