Crítica musical

Agosto 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

En los grandes medios impresos del mundo es frecuente apreciar una sección dedicada a la crítica musical. Con una característica común: los críticos musicales conocen el lenguaje de este arte y tienen aprecio por todas las músicas del mundo.En Colombia no sucede así. Hay poca crítica musical, y cuando la hay está a cargo de melómanos, la mayoría de los cuales no saben distinguir un do de un re, ni conocen una palabra sobre el lenguaje de la música. Adicionalmente no tienen interés en la música, sino sólo en un tipo de música, que es la de sus afectos. El resto no existe, a no ser para afirmar, sin pruebas, que es “de mala calidad”. No sobra recordar que, por su significado, la melomanía es una condición neurótica: todo melómano es un maniático.Para un gran crítico musical argentino, los melómanos, en “su modo de relacionarse con la música son obsesivos y posesivos, con una tendencia a descartar las opiniones y los gustos ajenos y a mostrar los conocimientos como si de trofeos se tratase, para intentar impresionar a su entorno”.En nuestro medio la abrumadora mayoría de los melómanos son salseros, por lo que la única música de calidad que existe es la salsa. Lo demás no existe, o no sirve, o es apenas “moda”, sin que jamás prueben lo uno o lo otro, apelando a argumentos musicales. Claro está, hay honrosas excepciones.Por ejemplo, uno de estos melómanos, al hacer su propia evaluación del recién pasado Festival Petronio Álvarez, llega a afirmar, sin ruborizarse, que los músicos tradicionales no son músicos y que, por lo tanto, no debieran competir entre sí o participar de un concurso. Se olvida que muchas artes y oficios se transmiten de manera empírica, como sucede con tantos compositores que son analfabetas musicales, o poetas que son iletrados. El hecho de que un pescador, o un leñador, además interprete la marimba, o el violín, en los eventos comunitarios, debe ser motivo de admiración y respeto, y no de desprecio, negándoles su calidad de músicos. Pero al melómano salsero esto no le importa, pues su propósito no es valorar calidades musicales, lo que no sabe hacer, sino disminuir la importancia del Festival que comenta, pues su manía no le permite comprender cómo un evento que tiene en su centro a la música tradicional, puede convocar una cantidad infinitamente mayor de público que el de un supuesto Mundial de Salsa que, en realidad, ni es mundial ni es de salsa. Medardo Arias lo denominó “concurso interbarrios de bailarines de salsa caleños”.Lo único que parece importarles no es la música -de hecho no parecen comprender que la salsa es una música y no un baile-, sino la cantidad de plata que le pueden sacar al Estado. Les indigna que en la final de un Festival como el Petronio asistan más de 100 mil espectadores que participan activamente de la música tradicional, mientras que el suyo sea una lánguida reunión de compadres. De hecho, el maravilloso Festival internacional de Ballet que realiza Gloria Castro, convoca más audiencia que el “Mundial de Salsa”, con menos recursos.Tampoco entienden la estrecha relación que hay entre cocina tradicional y música tradicional cuando se organiza un currulao, y aun así, critican. Les recomendaría leer el libro “Escritos sobre música popular” de Bela Bartok, un genio de la música. Tal vez le ayude a alguno a salir de su condición maniática.

VER COMENTARIOS
Columnistas