Cosas de la cultura

Junio 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Hace varios años que escucho una apreciación de orden general: el problema de la cultura en Cali es que carece de políticas culturales.El asunto me ha parecido sospechoso, no sólo por el origen de esta crítica, si no porque me parece que procede de personas que no conocen cómo se organiza el sector cultural en el país. La verdad, desde que se creó la Dirección de Cultura de Cali durante la administración de Mauricio Guzmán y luego, en las posteriores secretarías, lo que se ha visto es un esfuerzo constante y claro, por definir bien cuáles son los criterios que deben guiar a esta dependencia. En este camino hasta se llegó a diseñar un Plan Decenal de Cultura, que contó con amplia participación.Por otra parte, la Nación ha hecho lo suyo, también con amplia participación. La Constitución, la Ley General de Cultura y las jurisprudencias de las Altas Cortes, conforman una serie de documentos que trazan los lineamientos básicos de la cultura en cualquier sitio del país. Habrá que hacer ajustes locales, atendiendo al contexto social, pero ninguna política cultural podría salirse de los marcos señalados en la documentación referida.Para decirlo en otras palabras: las políticas culturales existen, desde hace años, y tal vez las fallas que se perciben lo sean a nivel de su ejecución. Por eso decir que Cali carece de políticas culturales es una simple muestra de ignorancia en asuntos elementales.Un ejemplo: del examen de los documentos reseñados, se desprende que la obligación central de una secretaría de Cultura en Cali, o en cualquier rincón del país, se refiere a la protección y conservación del patrimonio cultural. La pregunta sería: ¿Sabemos cuáles son los bienes, tangibles e intangibles, que conforman el patrimonio cultural en Cali? Porque no son aquellos que a cualquiera se le ocurra, o los que el Concejo declare como tales, sino los que cumplan con una serie de requisitos muy bien definidos por la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura.Y al respecto, entender esto, también ayuda a comprender por qué a ciertos bienes se les debe dedicar más esfuerzo, e incluso más presupuesto, que a otros, sin que ello implique que se esté haciendo una discriminación odiosa en el terreno cultural. En una ciudad como Cali pueden existir bienes que constituyen patrimonio cultural de la humanidad, declaratoria que corresponde a la Unesco; otros que son patrimonio cultural de la Nación, declaratoria que corresponde al Consejo Nacional de Patrimonio; y otros que son patrimonio cultural de la ciudad, declaratoria que corresponde al Consejo municipal de patrimonio, si lo hay o, en su defecto, al departamental.Dependiendo de esta clasificación, se derivan responsabilidades estatales de mayor o menos cuantía. Cualquier secretaría de Cultura que no tenga esto claro, con seguridad incurrirá en errores que pueden ser graves. Y que traen consecuencias a nivel de la función pública.Lo que no sucede con individuos que, por pertenecer a un colectivo que promociona una determinada expresión cultural, piensan que su obligación es propender porque esa expresión sea privilegida por el Estado, sin importar si conforma parte del patrimonio cultural o no.A ellos en realidad no les importa la cultura, lo único que buscan es ser favorecidos por el secretario de Cultura de turno.

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