Claridad

Junio 16, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

La elección no fue tan reñida. Pero Juan Manuel Santos obtuvo alrededor de un millón de votos más que Óscar Iván Zuluaga, lo que implica una victoria clara y contundente.Hay cosas que me llaman la atención: las dos costas colombianas, que son sus regiones más cosmopolitas y también las que más han sufrido por violencia y abandono del Estado, tomaron partido por la propuesta del Presidente candidato de manera franca y sostenida. Lo mismo sucedió en Bogotá, la capital del país y la que posee el mayor electorado independiente del país. Santos resultó perdedor en las regiones que votan o apoyan ciertas causas movidas por regionalismo tribales.Llama la atención también que en los departamentos de la frontera con Venezuela, Santander, Norte de Santander y Arauca (además de Guajira), la votación por Santos también haya sido mayoritaria. Indicaría que a la gente le dio temor la amenaza de Zuluaga de intervenir en los asuntos internos de Venezuela y generar un clima de tensión y de amenazas en la frontera con el hermano país. Igual sucedió en san Andrés y Providencia.El triunfo de Santos no puede adjudicarse a la movilización de la maquinaria electoral, pese a que es evidente que ella se movió más para esta elección. Pues buena parte de la diferencia la puso Bogotá, cuyo electorado es especialmente díscolo y tiende a favorecer las opciones de centro izquierda. Por supuesto que la alianza con los progresistas y la candidata del Polo Democrático resultó clave en esta victoria, y no sólo en la capital del país.El mapa electoral de Colombia debe servirle de norte al presidente Santos para que comience a rectificar erróneas políticas de inversión en diversas regiones del país y se decida a irrigar recursos frescos en las dos costas colombianas y entre la pobrecía bogotana, que fueron quienes le entregaron esta segunda oportunidad. Hay que corregir las autopistas de la montaña, para evitar que los colombianos tengamos que dar la larga vuelta por Medellín para viajar y comerciar con el Caribe. Eso resultaría demasiado costoso y constituye una muestra del malsano regionalismo tribal.Más que la derrota de Zuluaga, lo que queda confirmado es la derrota del uribismo. Creo que esta contracorriente retrógrada le hizo mucho daño a Santos con el cuento de que él le debía sus votos al expresidente Uribe. Ahora está claro que no es así. Santos ganó en franca lid y con ventaja suficiente como para que realice un segundo período de gobierno con sus propias ideas y rompiendo todos los lazos que lo ataban a la banda de la Z.Pero ya es hora de que pase de las palabras a los hechos. Ha anunciado cosas positivas, pero mantiene un gabinete con escasa capacidad gerencial. Si bien sus ministros son un lujo cuando se los compara con aquellos que tuvo Uribe, mezcla de caballistas, culebreros y vendedores de específico, también es cierto que algunos no dan la talla (caso Ministerio de Educación) y otros se muestran incapaces de ejecutar las políticas a su cargo.También debe escuchar críticas que se le hicieron en torno al tema de la paz. Se debe informar bien lo que ha sido acordado y no se puede seguir tolerando que las Farc cometan violaciones al Derecho Internacional Humanitario mientras negocian.En fin, hay una nueva situación. Si Santos alguna vez realmente perteneció a una “tercera vía”, ahora lo puede demostrar.

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