Catarsis

Septiembre 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Para los antiguos griegos, la catarsis es un estado de emoción profunda, que purifica el espíritu cuando este se pone en contacto con la belleza. Aristóteles usó el concepto en relación con el teatro y para los pitagóricos la música tenía un valor catártico: mediante ella, el alma se libera de sus tensiones y deriva hacia un estado de armonía y equilibrio.Pero sólo acontece muy de vez en cuando, cuando la música alcanza la excelencia. Soffy Arboleda me contó que llegó a ese “embelesamiento” cuando acudió al concierto del violinista Jascha Heitzel en el Teatro Municipal de Cali en 1943. Y varios amigos me confesaron lo mismo luego de la presentación de la Royal Philarmonic Orchestra, dirigida por otro violinista notable, Yehudi Menugin, en Bogotá a mediados de 1995.Lo mismo pasó en la noche del sábado en el teatro Municipal con el concierto de Chick Corea & The Vigil, en el marco del maravilloso Festival Ajazzgo. Me sentí transportado por la música, y varios amigos usaron la misma expresión de Soffy, embelesamiento, para describir su experiencia. Hugo Candelario González me contó que vio a varios músicos llorar, lo que es frecuente cuando se alcanzan los estados catárticos: llorar de felicidad.Se trata de una experiencia única, que sucede pocas veces en la vida y que la ciudad debe agradecerle a Diego Pombo, Beatriz Monsalve y como ellos lo reconocen, a Luis Guillermo Restrepo, quienes han logrado convertir a Ajazzgo, en uno de los festivales musicales más importantes de Colombia.Y que tuvo un alto nivel con José Aguirre y sus amigos, Chano Domínguez y Josele, Eddie Martínez y, desde luego, Jerry González y el Comando de la Clave. Músicos maduros, enamorados de la armonía y respetuosos del público. Casi ninguno tuvo que apelar a efectos u ornamentaciones para arrancar el aplauso de la audiencia. Pura melodía, sin adornos innecesarios, música que fluía por el cauce cristalino de la belleza. Así se llegó a la catarsis con Corea, cuando una emoción profunda envolvió a músicos y asistentes en una verdadera comunión espiritual. Nunca lo olvidarán.¿Cómo ha sido posible este milagro? Por el tesón, la voluntad y el esfuerzo desinteresado de Diego Pombo y sus amigos. Lo mismo que su inteligencia y capacidad como gestor. Él se dedicó a ganar amigos y no a generar malquerencias. No entró en competencia con organizadores de otros festivales, ni en controversias innecesarias con funcionarios públicos, sino que se dedicó a convencerlos de que Ajazzgo valía la pena, y lo logró, con persistencia y buen estilo. Y también logró un importante aunque aún insuficiente patrocinio del sector privado, lo que es un ejemplo para otros gestores culturales.El impacto que Ajazzgo ha tenido en la ciudad es incalculable, pues la limpieza del alma ayuda a la convivencia más que cualquier inversión que se haga en políticas de seguridad ciudadana. Educa a todos pues permite una mejor apreciación de la buena música, lo que resulta clave en los rendimientos académicos de los estudiantes, como lo ha demostrado Hungría en las pruebas internacionales de competencias (la reforma educativa de Hungría considera el aprendizaje del lenguaje musical al mismo nivel del alfabético y el matemático, desde la primaria).Ajazzgo: un gran Festival, que mejora a la ciudad.

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