Casi

Diciembre 08, 2010 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

El libro ‘Casi toda la verdad’ recoge las conversaciones de la periodista María Isabel Rueda con los que ella llama “cinco grandes” de su generación, sobre los acontecimientos más graves y trascendentales de Colombia en los últimos 25 años. La lectura deja un sabor agridulce porque revela lo pequeño que es el mundo del poder y de los medios en Bogotá.Uno de los méritos de la autora es haber logrado que personajes conocidos como Yamid Amat y el dueño de la revista Semana, Felipe López, hablaran extensamente sobre su trabajo, sus avatares profesionales y sus relaciones con el poder político y económico. Tengo la sensación de que Enrique Santos Calderón y Juan Gossaín, los otros dos entrevistados, habían estado más expuestos al público, pero en cambio Amat y López no hablan de su trabajo casi nunca. El quinto personaje del libro es Álvaro Gómez, de quien Rueda hace una evocación, que de paso le permite contar cómo entró ella al mundo del periodismo.El libro recoge pasajes importantes de la vida reciente del país y trae detalles novedosos que sorprenden y ayudan a entender algunas de nuestras tragedias recientes. La pequeñez del entramado entre poder y prensa en Colombia, sin embargo, se atraviesa constantemente, como en esta pregunta a Santos Calderón: “Hernando Santos le escribió un editorial violento en el que lo acusaba de haber traicionado a la familia y al periódico, sólo comparable con el que años después usted escribió sobre Pacho. El papá de Pacho despide a Juan Manuel con un editorial fulminante, y luego el hermano de Juan Manuel despide a Pacho con otro editorial fulminante. Se repitió la historia”.Como en la canción de Celia, el papá del López dueño de Semana era el padrino de Yamid, que fue jefe de María Isabel, pero después su rival en un noticiero del que era socio Santos Calderón, hermano, nieto y primo de presidente y vicepresidente, tal como López, el de Semana, que es también hijo de presidente. Todos ellos nacidos y criados, cómo no, en el altiplano cundiboyacense.El único que no llena los requisitos de haber trabajado con Rueda es Gossaín, pero ella le ha aprendido tanto “a través de su bonhomía espiritual y de su picardía para analizar los acontecimientos”, que da por hecho que sí fueron compañeros de trabajo. Además, ambos “aman a Cartagena”.Debo advertir, sin embargo, que pese a este defecto (más del periodismo y del país que del libro), la lectura es amena. La autora no dejó de preguntar por prácticamente ningún tema importante e incluyó párrafos de contextualización con voces adicionales y datos que ayudan a entender ciertos pasajes.¿Cómo se fue Yamid Amat de Caracol radio? ¿Por qué lo sacaron del noticiero del canal privado? ¿Por qué cerraron la revista Cambio? ¿Cómo surgió la revista Semana? ¿Qué quieren decir las palabras independencia e imparcialidad para todos estos periodistas? ¿Cómo vivieron el proceso 8.000, el gobierno de Uribe, el terror de Pablo Escobar?Los franceses acuñaron la expresión ‘pequeña historia’ para esos relatos en primera persona, anecdóticos y hasta arbitrarios, que ocurren tras el telón de los grandes acontecimientos y a veces los determinan. En sus dos acepciones, el libro ‘Casi toda la verdad’, de María Isabel Rueda, es una ‘petite histoire’.

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