Cáncer que no vemos

Cáncer que no vemos

Mayo 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Leídas las propuestas resumidas de los candidatos presidenciales y del gobierno en materia de educación, constato que ninguno (a) quiere ver el cáncer que carcome a Colombia.Y que no es otro que la educación privada. En términos generales puede decirse que la educación privada no contribuye al desarrollo económico del país sino que es una fuente de inequidad social. Y no sólo para los más pobres, que se ven forzados a matricular a sus hijos en malos establecimientos públicos y muchas veces en pésimos colegios privados, sino también para las clases medias, aún en el sector de altos ingresos, que cada año gastan una porción exagerada de sus ingresos para matricular a sus hijos en preescolares, colegios y universidades de élite (Maurice Armitage confesó que debió vender el carro para pagarle la matrícula a su hija en el Colegio Bolívar), sin que tengan ninguna garantía de que allí serán mejor educados.Un ejemplo: según el Ranking de la consultora británica QS de universidades colombianas organizadas por la calidad de sus áreas de estudio, la Universidad Nacional de Colombia es la institución de educación superior del país que cuenta con la mayor calidad en los campos de estudio que ofrece. Es más, en los 5 primeros lugares por área de estudio se encuentran 3 universidades públicas (Nacional, Antioquia y Valle) y sólo 2 privadas (Andes y Javeriana). Pero en lo que más importa para el desarrollo, ciencias básicas, en los 5 primeros lugares se encuentran 4 universidades públicas (Nacional, Antioquia, Valle e Industrial de Santander) y apenas una privada, los Andes.Así, las familias que hacen un alto gasto para educar a sus hijos en el sistema privado, en realidad no reciben un retorno de calidad de la educación privada. Todo se debe a que el estado colombiano no ha querido cumplir con la obligación constitucional de garantizar la educación a todos los colombianos. En lo que va del siglo XXI, la inversión en educación ha oscilado alrededor del 4% del PIB, con tendencia a la baja entre el 2002 y el 2008, y una leve alza de entonces para acá. Mientras tanto Argentina, Uruguay, Costa Rica y Brasil, para mencionar países similares, han tenido un aumento sostenido de la inversión en educación en el mismo período, hasta que hoy alcanzan cifras superiores al 5% y 6% del PIB. Un particular problema que surge de aquí es que aquellas familias que pueden financiar la educación privada para sus hijos, terminan por desentenderse de lo que sucede en la educación pública, y se vuelven insolidarias con las dos terceras partes del país, que es la que educa a sus hijos en ella. Para esas familias los problemas de la educación pública no existen. Otra situación sería si tuvieran la obligación de matricular a sus hijos en colegios oficiales. Claro que siempre existirá la medieval postura aristocrática que quiera pagar costosísimos colegios privados, así haya educación pública de buena calidad, como sucede en Estados Unidos y también en Colombia a nivel universitario. La razón es una: no les interesa la educación sino las relaciones sociales y el tráfico de influencias.Hay que volver a lo fundamental: la educación es un derecho, no un negocio. Es posible guiarse por este principio y además bueno, como lo ha demostrado, de sobra, Finlandia.

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