Cajambre

Mayo 21, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

El Río Cajambre es una de las cuencas del Pacífico mejor conservadas y guarda un carácter estratégico en la medida que está a pocas horas de Buenaventura. Según la ONG Swissaid, cuenta con 12.000 has. de manglares, más de 50.000 has. de selva en buen estado, un río de considerable caudal y hace parte de la zona de amortiguación de una de las reservas más importantes del sistema nacional de Parques para la regulación de agua y servicios ambientales, como lo es el Parque Farallones de Cali.En la década de 1970 su madera y recursos forestales fueron fuertemente impactados por las actividades de Cartón Colombia, con lo que perdió parte significativa de su capa boscosa. Luego, década de 1980, fue impactada por la minería del oro, especialmente en su parte baja, realizada por gente venida de otras partes y, hacia la década de 1990 resultó afectada por el cultivo de narcóticos y la presencia de la guerrilla. Pero a partir de 1997, con la creación del Consejo Comunitario del río Cajambre, las comunidades nativas tomaron el control del territorio en sus manos y, en especial gracias a sus mujeres, han iniciado una estrategia de desarrollo sostenible contando con el apoyo de Swissaid.En este territorio selvático, tan cercano a Cali pero tan desconocido, transcurre la acción de la última novela del escritor caleño Armando Romero, quien ya nos había entregado la maravillosa ‘Rueda de Chicago’ hace unos pocos años. Con Cajambre, que así se llama, no sólo salda su deuda con la cultura del Pacífico, en medio de la cual vivió su juventud temprana, sino que rinde un tributo a las mujeres afrodescendientes del Pacífico, en especial las de Cajambre, que han sido el sostén de su comunidad.Leí la novela de un tirón, con interés creciente y me llamó la atención, ya no tanto el oficio literario del autor, sino su capacidad para sumergirse en el mundo mágico y absorbente del Pacífico, una tierra de naturaleza desbordada, donde todo parece desmesurado y nuevo. Romero muestra que conoce su geografía, sus tradiciones, su gente y es capaz de vibrar con las notas melodiosas de la marimba, pero sobre todo con las voces diamantinas que silencian la noche cuando se entonan arrullos y alabaos.La novela nos cuenta parte de la vida de Ruperta, una joven y bella mujer negra, que termina convertida en un símbolo de la resistencia de los afrodescendientes de Cajambre contra la explotación irracional de su territorio. Ella es asesinada y la develación del crimen le permite al autor explorar las relaciones sociales entre diferentes sectores de la comunidad, y de ésta con los foráneos, o “paisas”, como llaman en el Pacífico a todos los blancos que incursionan en ese territorio. Ese mote no es del todo cordial y en muchas ocasiones está cargado de justos resentimientos.Romero también rinde un tributo a Isaacs, cuando narra a su manera un largo viaje por el río, junto con bogas y parientes, en el que aprovecha para describirnos, en forma impresionista, el maravilloso y agobiante paisaje de la selva húmeda tropical. Ese viaje nos recuerda el de Efraín por el río Dagua, cuando vuelve en busca de María.Cajambre se nos queda en la memoria. Por sus personajes, el manejo de la trama y, sobre todo, por Ruperta, la líder comunitaria, que nos recuerda que sobre los hombros de la mujeres afrodescendientes se sostiene el mundo del Pacífico.

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