4 x 1.000

Diciembre 20, 2010 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Hoy quiero hacerme eco de una propuesta lanzada en estas mismas páginas por Álvaro Guzmán y Demetrio Arabia: destinar lo producido por el impuesto del 4 x 1.000 para la atención de la tragedia invernal.Vale la pena recordar que este es un impuesto que tiene origen en los efectos de la crisis financiera de la década de 1990, pensado para que sirviera de salvamento al sector bancario colombiano. Que se inició en el 2 x 1.000, de acuerdo con el decreto 2330 del 16 de noviembre de 1998. Y que se dictó con efectos transitorios, en virtud de que se trataba de una medida excepcional, cuya razón de ser era la existencia de una crisis económica.Los expertos siempre consideraron a este impuesto como inequitativo y además como injusto para el desarrollo del comercio al por menor. En múltiples ocasiones han recomendado su eliminación, aduciendo, entre otras razones, el hecho de que las causas que lo motivaran ya se habían extinguido. Tan consciente es el actual gobierno de este argumento, que en el decreto de emergencia prevé la eliminación del 4 x 1.000 a partir del año 2018.Primera pregunta: ¿Por qué se obligó a un sector de los colombianos a ceder parte de sus recursos, por una vía retorcida, el Gravamen a los Movimientos Financieros (GMF), para salvar a los tiburones de la banca? Respuesta: porque los gobiernos colombianos están convencidos que las tragedias de los ricos si son tragedias de verdad, mientras las de los pobres son apenas consecuencia natural de su condición de miseria. Una idea que viene del viejo poder hacendatario que ha manejado al Estado colombiano desde la Colonia, y que acaba de tener un ‘período de oro’ con los 8 años de la administración Uribe.Los colombianos pensamos distinto. Puede asegurarse que si a los usuarios del sistema financiero se nos hubiera pedido que entregáramos el 4 x 1.000 de manera voluntaria, para ayudar a las instituciones financieras en crisis, no se hubiera recogido ni un sólo peso. Por eso no se nos consultó, sino que se nos impuso la contribución a la brava. Nadie ha estado contento con aquella medida.Peor aún, nos engañaron, pues lo que era transitorio se volvió permanente, y además dobló su monto. Del 2 se pasó primero al 3 y luego al 4 x 1.000. Para ello se valieron de una contingencia diferente: el terremoto que sacudió Armenia y el Eje Cafetero en 1999. Luego de prolongar el GMF hasta finales de 1999, por Ley 608 de ese año, que lleva la firma del actual Presidente, entonces Ministro de Hacienda, se dictaminó que “El producido de este impuesto se destinará a financiar los gastos ocasionados por la medidas adoptadas” con motivo de la reconstrucción de la región azotada por el sismo.Este giro los colombianos lo aceptamos de buen grado, pues se trataba de ayudar a colombianos en desgracia y no a la insolidarias instituciones bancarias del país. Pasado aquello el impuesto siguió cobrándose, pese múltiples críticas. Pues bien, ahora hay una nueva tragedia, tal vez mayor que la del Eje Cafetero y sin duda muy superior a las afugias de la banca. ¿Por qué no destinar la totalidad de los recursos recaudados por el 4 x 1.000 para atender a los daños causados por el invierno?Para el 2010 se aspiran a recoger unos $2,5 billones por este tributo. Y en el 2011 unos $3 billones. Esto sí sería solidaridad y no generaría molestia en los colombianos. Démosle este regalo de Navidad a los compatriotas que sufren.

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