1 de enero

Enero 03, 2011 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

El día del comienzo de cada año tiene ciertas resonancias mágicas, como de comienzo de las cosas, como de orígenes.No en vano los primero de enero han sido fecha de grandes acontecimientos, especialmente en el terreno de la política. Inicio de guerras e invasiones, comienzo de revoluciones, asesinatos de príncipes y sátrapas, división de naciones, posesión de presidentes, etc., etc. Los pueblos quieren comenzar los años con cosas nuevas, olvidar los males del pasado y recluir en el cuarto de los objetos inútiles aquello que les trae malos recuerdos o que consideran inservible.Desde luego, se trata de un espejismo. Ni lo nuevo en realidad lo es, ni lo ‘inservible’ tampoco. El tiempo es un continuo y las fechas no tienen cualidades inherentes con respecto al cambio. Nada es mejor o peor que antes. Borges lo dijo con mucha claridad: “A todos los hombres nos ha correspondido vivir en tiempos difíciles”. Así se opuso a dos afirmaciones llenas de seguidores, pues “ni todo tiempo pasado fue mejor”. Ni “el futuro es luminoso”.Pese a ello no puedo dejar de registrar un hecho notable: a partir del primero de enero de 2011 entró en vigor en Italia la ley que prohíbe el uso de las bolsas de polietileno en el comercio. Pese a las protestas de los fabricantes y de algunos comerciantes minoristas, el Congreso italiano fue capaz de dar este paso trascendental en la lucha contra el calentamiento global y el deterioro del medio ambiente. El pueblo italiano ha apoyado con vigor la aplicación de la nueva ley.Sin duda, un ejemplo memorable que nos hará recordar este 1 de enero de 2011 como una fecha significativa, en la que una gran nación de Occidente se atreve a dar un paso adelante, tomando una medida sencilla y contundente. Pues debe saberse que el polietileno es un derivado del petróleo cuya producción anual alcanza los 60 millones de toneladas, y del cual se producen la mayor parte de las bolsas plásticas que han invadido el mundo hasta límites intolerables.Una mancha gigantesca del bolsas plásticas y otros desechos no biodegradables flota en el océano Pacífico dejando a su paso desolación y muerte. Tiene el tamaño de los Estados Unidos de América y demorará un siglo en degradarse. Pero ya la ciencia ha comenzado a reaccionar creado polímeros a partir de material orgánico con los que pueden fabricarse bolsas de propiedades plásticas cuya degradación demora máximo 1 año. En nuestro caso los investigadores de la Universidad del Valle lograron sintetizar un polímero a partir del almidón de yuca, con el que se pueden producir bolsas plásticas de rápida degradación.Pero los que se lucran con el petróleo y sus derivados no quieren entender los beneficios de este cambio. Sólo les interesa su bolsillo y les importa un comino la tragedia climática y ambiental que generan con sus acciones. Como sucede con los cañicultores del Valle que, en vez de construir reservorios de aguas lluvias, taladran pozos profundos para regar con aguas subterráneas, sin importarles el daño que causan.Por eso se necesitan medidas como la tomada en Italia, sencillas claras y precisas. Porque los traficantes no mejoran sus prácticas por voluntad propia sino cuando son obligados.Bien por los italianos en este 2011, Debiéramos imitarlos.

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