Violencia sin pausa

Enero 06, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

El balance de homicidios en Cali al final del 2010 no pudo ser peor: 1.813 homicidios a lo largo del año sitúan nuevamente a la ciudad como una de las más violentas de Colombia. La cifra de asesinatos aumentó en 19 casos con relación al 2009, es decir cinco personas mueren al día en forma violenta en nuestra ciudad. Esto habla a las claras de una sociedad enferma, en la que la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes es de 80 personas, cuando en Bogotá, con tres veces nuestra población, la tasa es de 18 por cada cien mil habitantes.Los datos son duros y estallan en la cara de cualquier ciudadano. De acuerdo con los estudios de la Policía, el 60% de estos casos está relacionado con problemas de convivencia o intolerancia social; otro 30% de las muertes está ligado con el narcotráfico y el resto con robos y otros móviles.En esencia, la gente se está matando en Cali por odio, porque no puede solucionar sus diferencias con otro si no es con un arma. No me cabe la menor duda de que estos comportamientos están íntimamente ligados a esa cultura traqueta tristemente heredada que quedó flotando en el ambiente de la capital del Valle. El comportamiento ‘matón’ de muchos adolescentes en los barrios y ese espíritu tan marcado de decenas de jóvenes de querer enriquecerse de la noche a la mañana es un lastre que nos está afectando gravemente.¿Qué están haciendo nuestras autoridades para encarar esta crisis? No mucho. La errática política de seguridad desde la Administración Municipal no ha podido diseñar una estrategia que logre quebrarle el espinazo a la violencia. No se puede entender cómo desde 1995 la ciudad no ha podido tener tasas menores de 60 muertes por cada cien mil habitantes. Y, lo más grave, que esté suficientemente diagnosticado que los móviles de esa violencia son las peleas entre pandillas, venganzas, abuso del alcohol y narcotráfico y todavía no se logre una disminución en los homicidios.Esta Administración nos quedó debiendo a los caleños en materia de seguridad. Las quejas y los señalamientos entre las instituciones son permanentes. La Policía se lamenta que no tiene recursos, la Alcaldía dice que el problema es nacional, al tiempo que los hospitales se llenan de heridos. Mientras tanto, los caleños de bien contemplamos agobiados una capital que vive con miedo e incapaz de doblegar sus niveles de violencia.

VER COMENTARIOS
Columnistas