Una paz por construir

Junio 23, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Pese a todas las críticas, las burlas, los improperios, los errores cometidos, el presidente Santos logró lo que todos sus predecesores intentaron, de una u otra forma, pero nunca pudieron llevar a cabo: el cese definitivo del conflicto con las Farc, su entrega de armas y su compromiso de no repetición.Sí, lo intentaron Betancur, Gaviria, Pastrana y Uribe. Sí, el mismísimo Uribe también, cada uno con sus propios métodos. Unos con diálogo, sin apoyo de las Fuerzas Armadas; otros con despejes y una amplia zona de autonomía para las Farc; otros con guerra frontal, pero finalmente quien lo logró fue Santos. Se nutrió de los fracasos y bebió de las fortalezas que dejaron los anteriores presidentes, pero hay que reconocer que fue Santos quien logró sentarlos en la mesa, comprometerlos con el proceso y conducirlos a una histórica decisión para cesar una horrible y larga noche. Sesenta años de conflicto que pueden terminar hoy es algo soñado por todos, incluso por el más guerrero de todos los presidentes. Todos estos exmandatarios deberían estar hoy en La Habana, recibiendo su pedazo de historia, pero la mezquindad, el rencor, la división, el egoísmo, las emociones primarias, la falta de un proyecto común de país pueden más. Santos quedará en la historia de este país no porque sea el más brillante, ni siquiera el mejor, pero fue perseverante, valiente para enfrentar la lluvia de críticas por dialogar con sus enemigos, negoció lo que se podía transar y al final logró llevar a buen puerto un proceso de paz que, con todos sus defectos, es preferible a 10 o 20 años más de atentados, de guerra en los campos, de secuestros, de extorsiones, de muertes de soldados y policías. Y sí, los críticos dicen que aunque se firme un documento mañana los problemas de los hospitales continuarán, que falta empleo, que la pobreza, que… lo que sea, pero es que este es un primer paso para construir un nuevo país. Y con esto me refiero a construir una sociedad más equitativa, menos excluyente, con menos balas y más colegios, donde los jóvenes realmente tengan una oportunidad y no deban escoger entre una banda criminal y un grupo guerrillero. Esa es la paz que debemos construir, no una paz que se quede en una firma y pare de contar. Por eso, también, el desarme más importante será el de los corazones porque la verdad es que este país está lleno de odio. La venganza carcome el alma de miles de colombianos, aquí sobran los aplausos para quienes estén dispuestos a empuñar un arma, pero faltan brazos para alentar a quien tenga un discurso civilista y de buena convivencia. Esa paz, con nosotros mismos, es la que debemos buscar, no tengo dudas.Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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