Una oportunidad para la paz

Una oportunidad para la paz

Febrero 10, 2017 - 10:51 a.m. Por: Gerardo Quintero

Qué fácil es en este momento de crisis salir a cobrar. El “yo les dije” de quienes le apuestan al fracaso de los diálogos de paz resulta francamente chocante. Hay un hálito de grosera complacencia de quienes se regodean ante la primera gran crisis de las negociaciones, producto del secuestro de dos policías en Pradera. Sin duda es difícil apostarle en este país a una salida negociada. Es más fácil recibir el aplauso de la galería a partir del repetido discurso guerrerista. Insistir en más balas, más muertes, tierra arrasada, eliminar sin contemplaciones al ‘enemigo’, aniquilar su memoria y a toda su descendencia suena muy bien para aquellos que ven con horror que el Gobierno nacional se siente a la mesa con la guerrilla de las Farc. A pesar de eso y de que aquellos que defendemos una salida negociada seamos poco menos que tildados de entreguistas, aliados de la guerrilla o, si bien nos va, ingenuos, sigo apostándole a un acuerdo de paz. Esta primera gran crisis, inmediatamente ha sido aprovechada por la línea dura de la derecha que ve el escenario propicio para continuar esta guerra que siembra de sangre y dolor campos y ciudades intermedias colombianas. 60 años en esta lucha fraticida y no se le permiten ni seis meses a una negociación de paz, quizás en el momento más oportuno para lograrla. Demasiada intolerancia, mucha sed de venganza, demasiados odios carcomen el alma de este país. Una negociación de paz de un Estado se hace con quien se reconoce como su enemigo, en este caso las Farc, levantado en armas contra ese mismo Estado, hace más de 60 años. Las condiciones para sentarse a la mesa fueron fijadas con anterioridad. El Gobierno dijo que no iba a realizarse un cese el fuego mientras duraran las conversaciones, luego los diálogos se darían en medio de la guerra. Eso, en la lógica de guerra las Farc (así sea odiosa para nosotros) implica seguir secuestrando miembros de la Fuerza Pública (que para ellos resultan siendo prisioneros políticos). Sí, es molesto leer eso, pero, repito, en la lógica guerrera de las Farc, esas fueron las condiciones que se pactaron. Las Fuerzas Militares han seguido bombardeando, destruyendo campamentos, matando y capturando guerrilleros, y a nadie se le ha ocurrido pedir que se suspendan esas acciones “porque es que estamos dialogando con la guerrilla”. Así se pactó la negociación, entonces no creo que sea el momento de romperlas cuando apenas estamos comenzando.Otra cosa es que las Farc, en su miopía, no entiendan que un hecho de estas características rompe la confianza en el proceso, hace más compleja la tarea de quienes le apostamos a una salida negociada y le deja los argumentos servidos en el plato a quienes prefieren continuar en esta máquina de guerra que se come esa gran tajada del presupuesto nacional que podría invertirse en más escuelas, en hospitales, en infraestructura, que bastante le hace falta a este país. Sí, las Farc son torpes, no lo dudo, en vez de cobijar el proceso, romper la desconfianza con acciones efectivas, le dan un portazo a la negociación secuestrando a estos uniformados. Sin embargo, repito, eso no puede ser el motivo para levantarse de la mesa de negociaciones. Hay una oportunidad histórica, nos podríamos ahorrar miles de muertos, porqué no darle una oportunidad al diálogo.Sí, es cierto, es más fácil ahora salir a decir rompamos este proceso, vamos a la guerra, mandemos más batallones, destinemos más plata para la guerra, creemos grupos de autodefensa, sigamos en esta máquina inacabable de muerte… Pero como dijo el nobel de paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, soy un “pesimista esperanzado”. Yo creo en una salida negociada, creo que quienes están en La Habana, por parte de la guerrilla, reconocen que es su última oportunidad de salir de esta encrucijada, salvando ‘algunos muebles’. Colombia no necesita más muertos, ya hemos tenido suficientes. Demasiados recursos se han ido a alimentar las fauces de los vendedores de armas. Mucha sangre ha corrido en este país. Sí, seguro que nos tendremos que tragar muchos sapos, pero prefiero a Timochenko o Iván Márquez peleando en el Congreso con sus palabras, que verlos en el monte arruinando pueblos y desatando su máquina del crimen con balas y bombas.

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