Una herida abierta

Una herida abierta

Febrero 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

No parece muy acorde con los tiempos de búsqueda de verdad, justicia y reparación la posición esgrimida por Rafael Nieto Loaiza en su defensa del Estado ante el proceso que adelanta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por la retoma del Palacio de Justicia. Aunque es comprensible que Nieto, como defensor del Estado, alegue que no hay sentencias que condenen al Estado por la desaparición de personas en la toma del Palacio, algunas sentencias parecen contradecir lo que advierte el jurista.Desde 1993 el Tribunal Administrativo de Cundinamarca y el Consejo de Estado han emitido al menos diez sentencias en las que el Estado ha sido condenado por las omisiones que provocaron la desaparición de personas en el Palacio. Pruebas testimoniales y documentales parecen demostrar que un grupo de personas (aún sin establecer, pues unos hablan de once y otros de trece) salió con vida de la edificación y nunca se volvió a saber de ellas. Jaime Granados, abogado del coronel Plazas, dice reconocer que durante la retoma del Palacio la guerrillera Irma Franco sí fue desaparecida, pero que en esos hechos no tuvo que ver su defendido.Si hoy el presidente Santos exige, con toda razón, a las Farc y a los desmovilizados de los grupos paramilitares la verdad de sus cruentas acciones, los efectos de sus desplazamientos, el robo de tierras, los asesinatos de campesinos, las torturas a militares, los secuestros que han cometido, con toda lógica el Estado también debe reconocer sus excesos, cuando los ha tenido. Nadie puede desconocer que el principal responsable de lo ocurrido en el asalto al Palacio de Justicia fue el M-19. Pero tampoco, hoy, 28 años después, resulta comprensible ocultar que detrás de esa retoma hubo exceso de fuerza de algunos miembros del Ejército. No se trata de un juicio contra la institución castrense, pero si hubo abusos por parte de alguno de sus integrantes, el Estado debe tener la disposición de aceptar esos errores y corregirlos. Más allá de la discusión, flotan muchas preguntas que tal vez nunca tendrán respuesta. ¿Cuántos guerrilleros entraron al Palacio y cuántos murieron? ¿Cuántos civiles había dentro del Palacio? ¿Cuántos muertos hubo en total? ¿Quién realmente inició el incendio? ¿Cuántos de los desaparecidos y muertos fueron por cuenta del M-19? Y, finalmente, ¿qué fue lo que realmente sucedió dentro del Palacio? ¿Quién tiene la verdad?

VER COMENTARIOS
Columnistas