Un vuelco a la Policía

Agosto 09, 2017 - 11:45 p.m. Por: Gerardo Quintero

Once policías capturados alrededor del homicidio del profesor Javier Ocampo Cepeda, ocurrido en Cali en el 2013. Miren bien la cifra. Es decir, según las investigaciones 11 uniformados acordaron ocultar el asesinato de un profesor y hacerlo parecer un enfrentamiento. 11 hombres, entre ellos 2 oficiales, a los que el Estado les dio la potestad de portar armas y encarnar la autoridad se reunieron, como cualquier delincuente, para hacer pasar como criminal a una persona que solamente salió a trotar con su hijo y un amigo de éste.

¿Qué está pasando en la Policía de Cali?, y que no vengan con el cuento de que son “unas cuantas manzanas podridas”. En esa institución se está pudriendo todo el árbol. Hay un nido de delincuentes que hacen perder la credibilidad y la confianza de la entidad tan importante para garantizar la seguridad en los barrios.

Hace menos de un mes los caleños se escandalizaban con la presión y extorsión vergonzosa que un grupo de agentes de Policía había cometido contra una bailarina que terminó desnudándose para que le dieran un miserable asiento. Ella, en estado de ebriedad, sumisa, se despojaba de su ropa mientras los espantosos berridos sonaban de fondo. De verdad que preocupa que estos sean los patrulleros que asumirán el control y los poderes del nuevo Código de Policía.

El General Hugo Casas, comandante de la Policía Metropolitana, un tipo serio, trabajador que pretende mejorar la institución, está en mora de presentar excusas a los caleños en nombre de la institución y explicar qué es lo que está sucediendo.

Lo que está pasando en la Policía, especialmente en la de Cali es tenebroso. Los casos en que uniformados son detenidos como cómplices de robos, asesinatos, complots para secuestrar ya no son aislados. La verdad es una y es que la institución falla en la escogencia de sus agentes. Se está colando mucho bandido, es una realidad. No la escondan más, por favor.

Las cifras demuestran que no son casos aislados. Si se detuviera a uno, sería una manzana podrida. 10, 20 por año, es que la caja se dañó. No son cualquier funcionario, son aquellos a los que la sociedad les permite portar armas, pedir documentos, privar de la libertad a un ciudadano…

Alguien debería estar preocupado en la Policía por estos casos, pero los altos mandos parece que prefieren mirar a otro lado o esconder la cabeza como avestruz. Parece que el otro escándalo, el de la comunidad del anillo (que nunca se resolvió), los dejó mudos y sin posibilidades de responder a la urgencia de una sociedad que exige una nueva Policía.

Hagan una purga, por favor. Salven la institución de la podredumbre que la está cercando. Presenten excusas, ármense, pero de valor para darle un vuelco a una institución. Es hora de verlos como aliados y no como en lo que algunos de sus hombres la están convirtiendo, un peligro.

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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