Sexo y escritorios

Febrero 10, 2017 - 10:54 a.m. Por: Gerardo Quintero

Desde diciembre del 2008, el acoso sexual está tipificado como delito en Colombia, pero son muy pocos los casos que prosperan y las mujeres que se atreven a denunciar. Todo se queda en murmullo de pasillo de oficina, mientras el acosador sigue tranquilo en su alto cargo, convencido de sus reales encantos. La mujer que denuncia es sometida al escarnio, no se le cree y es considerada poco menos que una oportunista o ‘trepadora’.Conviene recordar esto al escuchar el escandaloso caso de Tomás Concha, el contratista involucrado en un presunto acoso sexual contra una periodista de la dependencia de derechos humanos de la Presidencia, y que ha desatado toda una controversia sobre el velado y poco denunciado acoso sexual que se da en Colombia.Lina María Castro, la mujer que denunció el hecho, niega haber tenido una relación consentida con Concha, pues asegura que él ejerció presión sobre ella para abusar sexualmente. Sostiene que enamoramiento no existió y que todo fue una agresión. Los temores de Lina se centraban en que, si no accedía a los apetitos sexuales de Concha, perdería su empleo. El ex asesor del Programa Presidencial para Derechos Humanos y DIH rechaza las sindicaciones y afirma que “todos los momentos íntimos fueron acordados y consentidos, aun en sus detalles”.Qué complejo debate se cuece en Colombia. De lo que falle el juez en su real saber y entender se puede dictaminar jurisprudencia para futuros hechos similares.No son pocos los casos de acoso sexual en el país. Las oficinas, en cualquiera de los ámbitos, públicos y privados, son espacios donde una y otra vez estas situaciones se han producido. No han sido pocas las mujeres que han visto truncadas sus posibilidades de ascenso porque no han accedido a las insinuaciones, tácitas o descaradas, de sus jefes. En un país tan machista como el nuestro, en el que muchos consideran que maltratar a novias o esposas es un derecho porque son sus dueños, el acoso sexual es simplemente un chiste más.Conozco el caso de un acosador de una dependencia de la Alcaldía al cual simplemente cambiaron de oficina cuando el ‘ruido’ llegó a algunos medios de comunicación. Para no hablar de algunos alcaldes de esta ciudad que se consideraban dueños de las faldas de sus subalternas, quienes tenían que soportar estoicas sus propuestas subidas de tono. Señores, llegó la hora de reflexionar y no utilizar su posición dominante para conseguir lo que con sus pobres encantos jamás lograrían.

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