¿Quién da más?

¿Quién da más?

Septiembre 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Cada cuatro años se repite la historia en Cali: puentes y muros terminan empapelados con mensajes que denigran, generalmente, del candidato que lidera las encuestas. La práctica malsana tuvo su momento estelar durante la campaña que llevó a Apolinar Salcedo a la Alcaldía y ahora, con los mismos métodos, es usada para acabar con la reputación de uno de los candidatos en contienda.Algunos aspirantes de este año, con quienes hice un rápido sondeo, me indicaron que lo peor está por venir. Ya saben, de oídas, que desde las trincheras de la mala política se alistan los fusiles para disparar a la honra del candidato que encabeza los sondeos. Esta forma rastrera de hacer política cobra cada vez más vigencia. En Cali no se escuchan propuestas, se oyen improperios. En Cali no se debaten ideas, en las emisoras se discuten chismes y se respiran odios.Nuestra Alcaldía es un botín, así está concebida desde hace años. Las mafias que hay tras el ‘premio gordo’ acogen a concejales, funcionarios, senadores, representantes a la Cámara, periodistas y contratistas, que viven de ordeñar este Municipio. Es un proceso transversal en el que todo está debidamente entretejido para que siga inalterable. Por eso, cuando aparece un candidato que pueda atravesarse en el camino de ese entramado mafioso, urge denigrar. La consigna, ya nos lo han enseñado, es mantener al costo que sea ese statu quo mafioso enquistado en la Administración Local.Todo eso no se daría, claro, sin este caldo de cultivo perfecto: un electorado pobre (mental y económicamente) acostumbrado a recibir dádivas para ir a las urnas, elites apáticas y poco conectadas con las realidades de la ciudad, ausencia de cultura política, prácticas ‘traquetas’, y emisoras y periodistas que sobreviven con los recursos que gasta la Administración de turno para que hablen bien de ella.Uno de los candidatos en contienda me relataba cómo, cuando llegaba a contar sus propuestas de educación o vivienda, era interrumpido 5 minutos después por el líder comunal de turno que, sin mediar eufemismos, lo increpaba: “Sí, doctor, muy bueno lo que dice, pero ¿cuánta plata hay?”. Esa es la política que se hace en Cali. El legado de unos pícaros que hoy se sientan a placer en el Concejo, la Asamblea, el Congreso, las alcaldías y gobernaciones. Lo paradójico es que hasta los que inveteradamente hicieron de esta práctica un modo de vida hoy sufren las consecuencias: ya no tienen plata a borbotones como antes. Ellos enseñaron que todo se compra. Hoy la feria está abierta: ¿Quién da más?

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