¿Qué hacer con los guerrilleros de las Farc?

¿Qué hacer con los guerrilleros de las Farc?

Febrero 10, 2017 - 10:51 a.m. Por: Gerardo Quintero

Uno de los escenarios más complejos del proceso de negociación de paz que apenas se inicia con las Farc y que, seguramente, abrirá un gran debate nacional es qué hacer con los miles de guerrilleros que deben dejar las armas para incorporarse a la vida civil.Experiencias como las ocurridas en Salvador y Nicaragua nos advierten que dejar esta etapa sin definición abre un boquete en cualquier proceso de reconciliación nacional. Estamos hablando, mal contados, de por lo menos ocho mil guerrilleros rasos que, dicho sea de paso, en su mayoría no ha conocido otra cosa que disparar un arma, cuidar un camino, emboscar soldados, extorsionar, y que jamás han entendido cómo es eso de lo que los demás llaman la vida civil. El no haber solucionado este dilema, especialmente en El Salvador, conllevó, posteriormente, a la creación de las tristemente famosas ‘maras’ o pandillas que han convertido a este pequeño país en uno de los más violentos del mundo.Sin ir más lejos, algo similar ocurrió en Colombia, luego de la desmovilización de integrantes de las Autodefensas Unidas de Colombia. Los programas dispuestos para tal fin no dieron abasto, muchos de esos jóvenes de la guerra abandonaron sus armas y se encontraron con una dura realidad: No tenían ninguna preparación para enfrentar lo que cualquier ciudadano vive en el día a día. Ellos, acostumbrados a ejercer el poder de las armas, a intimidar a través de la amenaza, a que los obedecieran con solo estremecer con un grito a los desvalidos, se vieron de un momento a otro golpeados en su ‘ego de guerreros’.De allí que muchos de estos desmovilizados, una vez se les presentó una oportunidad de regresar a las armas, la tomaron como una opción segura y alimentaron eso que hoy llaman bandas criminales, o se convirtieron en expendedores de droga, en matones del microtráfico en los barrios y todo lo que tenga que ver con actividades al margen de la ley.Si de verdad estamos hablando de un proceso de paz diferente, de una oportunidad real de los colombianos para reconciliarnos y hacer de éste un mejor país, la sociedad tiene que empezar a pensar cuáles serán las alternativas y cómo se preparará a estos ‘señores de la guerra’ para regresar sin temores a la vida civil.Pocos se han detenido a pensar en ese momento y no se trata de ensillar antes de tener las bestias. Lo que sucede es que si no se formula una política clara sobre este tema, será imposible avanzar en un proceso de recomposición social, que finalmente es lo que subyace en esta negociación.Las alternativas pueden ser variadas, pero no por ello complejas y polémicas, porque, de seguro, serán atacadas por sectores radicales de la derecha y de la misma izquierda, quienes no valorarán ningún esfuerzo que se haga en ese sentido. Para unos, lo mejor será exterminar, desaparecer o acabar con todos aquellos reinsertados, repitiendo en buena medida lo sucedido con la Unión Patriótica, UP, en los ochenta. Mientras que para los otros, cualquier alternativa de reintegración será poca o será vista como simples migajas que no ‘dignificarán la lucha subversiva’.En ese orden de ideas surgen algunas propuestas que, desde ya, es sensato analizar: Una de ellas, sin duda la más polémica, es incorporar algunos de estos combatientes a las Fuerzas Militares regulares. Esta alternativa resulta osada y despertaría un gran malestar entre los altos mandos militares y un gran sector de la opinión. Aunque esta opción se llevó a cabo en Centroamérica, no se ve muy viable de aplicar en nuestro país, teniendo en cuenta los altos niveles de crispación y dolor que han dejado estos escenarios de guerra en el país.Otra posibilidad para estudiar es incorporar a los ex combatientes en una gran red de guardabosques, una especie de protectores de la naturaleza, que permitiría al Estado mantener a los reinsertados en su escenario (la mayoría de combatientes de las Farc son campesinos) y los anclaría a uno de los inamovibles de las Farc, el tema de la tierra, su posesión y producción. Pero también, estos excombatientes podrían ser una piedra angular en el proceso de erradicación de los cultivos de coca y marihuana. Dado que este es uno de los temas más complejos del proceso de paz, involucrar a los exguerrilleros en una actividad de la cual ellos se han lucrado, sería casi como matar ‘dos pájaros de un tiro’.Una opción más arriesgada y compleja sería realizar todo un proceso de capacitación y ‘profesionalización’ de estos excombatientes para vincularlos a los procesos laborales formales, alternativa en la que el Sena cumpliría un papel decisivo para reincorporarlos a la vida civil. Esta opción, sin embargo, tiene un gran problema y es que, como dijimos antes, la mayoría de los integrantes de las Farc son campesinos, iletrados muchos, que no han pisado una ciudad en su vida y no encontrarían su espacio en las grandes capitales del país.Cualquiera de estos escenarios u otro distinto no puede ser aislado. El Estado tendrá que invertir en un verdadero proceso de sanación mental y social. La participación de diferentes profesionales de la sicología, siquiatría y demás ramas afines será vital en ese proceso de reinserción a la vida civil. Muchos de estos guerrilleros saldrán con una carga de resentimiento social, afectados también por las cicatrices de la guerra, algunos dispuestos a volver al monte, sin comprender los modos de relacionamiento social más allá de las armas. Por esas razones es indispensable una preparación mental adecuada para desarmar espíritus y reencontrarnos con el otro. Sin embargo, esto no solo aplica para los ex guerrilleros, es toda la sociedad colombiana la que debe prepararse para este proceso porque sino desarmamos este espíritu belicoso, revanchista y guerrero que subyace en la mayoría de colombianos, poco vamos a lograr en este proceso incipiente de paz.

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