¿Por qué somos así?

Junio 19, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

¿Tiene alguna explicación lógica que una celebración deje nueve muertos, quince heridos y más de 3.000 riñas? Es increíble la capacidad de algunos colombianos de convertir la alegría en violencia en cuestión de minutos. Es como si esa impronta de dolor estuviera ligada a nuestra genética y no concebimos otra forma de celebrar sino con excesos.Es muy triste que una celebración por el triunfo en un partido del Mundial desate una algarabía sin control. Gracias a Dios el sábado pasado había elecciones y ley seca, de lo contrario hubiéramos roto los índices de mortandad en la región. Mañana hay un nuevo partido y las autoridades locales de todo el país han emitido una alerta amarilla, como si estuviéramos en riesgo de ir a una confrontación. Es absurdo que un hecho que debería congregarnos se convierta en un fenómeno de descontrol, de consumo masivo de licor, de desfogue de las pasiones más bajas de los seres humanos que habitan este país.Pero basta dar una mirada a nuestra realidad violenta para entender que aunque se esté tejiendo una negociación de paz, en Colombia no habita la tranquilidad. Las redes sociales que escupen odio ante cualquier comentario son el mejor ejemplo de la alcantarilla que nos rodea. Hablamos de un proceso de paz, pero ni siquiera hemos desarmado nuestros espíritus. Tejer convivencia en Colombia es muy difícil, no existe una cultura de tolerancia propiciada ni en las familias ni en los centros de estudio. Nuestros principales líderes han hecho de la pugnacidad el recurso para hacerse escuchar. Toda la reciente campaña presidencial es un microcosmos de cómo se vive en el país, al límite: pasionales, irascibles, descontrolados, abusivos. Los debates de pasillo son iguales de candentes en una oficina, que un estadio o un salón de concejo, en los que los argumentos no imperan sino el que tenga el tono de voz más alto. La selección Colombia juega de nuevo hoy y en vez de ser la fiesta que nos congregue, las autoridades tienen que salir a hacer llamados para que en caso de un triunfo y la ‘celebración’ consiguiente, no se destruyan las estaciones del MÍO, no golpeen los vehículos, no saqueen los locales comerciales, no se maneje en estado de ebriedad. Más allá de ese descontrol, lo que subyace es una sociedad enferma que no es capaz de comportarse ni siquiera cuando está feliz. Si la Selección Colombia gana hoy, tranquilos, mañana hay que volver a trabajar, los chicos a estudiar, la vida debe seguir…

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad