Política y Farc

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Uno de los puntos más sensibles en la negociación de paz con...

Política y Farc

Marzo 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Uno de los puntos más sensibles en la negociación de paz con las Farc es, sin duda, la futura participación política de este grupo subversivo, una vez se desarme. Para muchos opositores al proceso, esta alternativa resulta prácticamente inconcebible y manifiestan su rechazo a cualquier posibilidad de que miembros de las Farc participen en elecciones y demás.Pero no comprenden que precisamente el fin de toda negociación con un grupo que se levanta contra el Estado es precisamente lograr su participación en política, sin la amenaza de las armas. En la historia de Colombia esa situación se ha dado en todas las negociaciones, pues al final lo que se busca es desechar las balas y disparar más discursos. Basta recordar que uno de los grandes hombres de Colombia del siglo 20, el general Rafael Uribe Uribe, quien participó por lo menos en tres guerras civiles y fue figura central de la guerra de los Mil Días, dejó las armas con las que se había levantado contra el régimen conservador y en uno de sus discursos memorables dijo: “He sido un revolucionario con las armas, paso a ser un revolucionario con las ideas”.Su final no fue afortunado, pues fue asesinado en 1914, siendo senador, en una conspiración en la que intervinieron quienes intentaban cerrar espacios de participación a nuevas voces.Evidentemente en las Farc no hay nadie que iguale el talante intelectual del general Uribe, pero en esencia lo que busca un proceso de negociación es lograr abrir el espectro de la política, sin miedo, sin aniquilamientos del que piensa distinto. Hay muchos temores del país político por la participación de miembros de este grupo en elecciones, pero es que de eso se trata. Navarro, Petro, Bustamante, navegaron en las aguas turbulentas de la confrontación armada y hoy están en el tinglado del discurso político, incluso en diferentes orillas, unos con más éxito que otros. Y usted y yo decidimos si les creemos o no, si votamos por ellos o no y allí reside el castigo o el premio del constituyente primario. Ese es el juego de una democracia participativa real. Que nos encaminamos hacia un régimen castro-chavista, falso. Lo que sucede es que los partidos tradicionales tendrán que afinar sus propuestas y no cohonestar con la corrupción porque la gente se está cansando y puede terminar escogiendo expresiones populistas que rompan con el ‘statu quo’. Y eso sucederá estando o no las Farc en política. Guardadas las proporciones, fenómenos como Sergio Fajardo en Antioquia o Armitage en Cali, representan esa decisión de los electores de romper con aquello ‘de los mismos con las mismas’. Que debatan, que propongan, y que se sometan al escrutinio público, prefiero eso mil veces a que sigan en el monte echando bala y poniendo minas.

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