Partidos, en la mala

Febrero 10, 2017 - 10:53 a.m. Por: Gerardo Quintero

Los paupérrimos resultados electorales alcanzados por Noemí Sanín y Rafael Pardo dejaron en crisis a los dos partidos históricos de Colombia. De las dos colectividades que otrora manejaban los destinos políticos y burocráticos del país queda muy poco.La aparición de caudillos políticos, el surgimiento de nuevas fuerzas más sintonizadas con la realidad del ciudadano de a pie, el desprestigio propio de aspirantes de los viejos partidos y la falta de coherencia ideológica de quienes manejan estos movimientos, entre otros aspectos, han reducido dramáticamente la afinidad de la ciudadanía.Hoy son muy pocas las personas que votan por un partido y hacen lo que determine su dirigencia. Es claro que hoy el país es más conservador en su forma política de pensar, pero eso no quiere decir que siga al candidato de ese partido. De lo contrario Noemí Sanín habría ganado las elecciones en forma abrumadora. Lo que va a suceder ahora es que simplemente el conservatismo, como lo hizo antes, va a plegarse al ganador, antes Uribe hoy Santos. Seguirá viviendo de sus glorias pasadas y se ‘echará el cuento’ de que son vitales para el triunfo de Santos.Los liberales, mientras tanto, ya le dieron vía libre a Pardo para que haga las paces con Santos y busque cómo se reacomoda en la política actual. El mensaje de los congresistas de ambos partidos es evidente: perciben que si no se alinderan con el ‘ganador’ simplemente van a desaparecer por insuficiencia burocrática, el gran respirador de rojos y azules.Sin embargo, aunque en la efervescencia actual no se perciba, los partidos no deben desaparecer. Cuando las grandes colectividades se desinflan aparecen esos caudillismos que se convierten en una lotería para una nación. En Venezuela, Acción Democrática y el Copei, debilitados por sus prácticas corruptas y falta de liderazgo, no pudieron ni siquiera conformar una oposición real que hiciera contrapeso a Hugo Chávez. Las consecuencias están a la vista.Es cierto, los partidos tradicionales tendrán que transformarse o contemplarán su paulatina desaparición. Estas instituciones urgen una reingeniería, que las conecte con los ciudadanos.Para lograrlo es necesario que la comunidad se eduque políticamente, que reconozca las diferencias ideológicas entre uno u otro movimiento y que pueda decidir sin que su empleo, un subsidio o el mejoramiento de su vivienda estén en juego.

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