Pandillas de Cali

Octubre 25, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Mientras el Gobierno Nacional, los medios de comunicación, los viudos del poder y los casados con el mismo insisten en vendernos a la guerrilla como el único y principal peligro para los colombianos, en cada ciudad de este país se incuba un fenómeno al que no se le da mayor importancia. Un informe realizado por la Personería demostró que en Cali hay 134 grupos de pandillas que operan en 17 de las 22 comunas de la capital del Valle.Estos jóvenes desarraigados, con pocas opciones de superación, familias destruidas, signados por la miseria y condenados a padecerla por siempre, han tenido un aumento exponencial en las acciones delictivas convirtiéndose hoy en una de las principales amenazas para la seguridad en la ciudad.Ellos son los encargados de controlar el tráfico de drogas en los parques y esquinas. Deciden quién pasa y quién no cruza sus imaginarias fronteras barriales. Estos jóvenes organizan grupos de ‘vigilancia obligada’, a través de los cuales extorsionan a pequeños tenderos y a los propios vecinos de los barrios populares.En el pasado, esos jóvenes que deseamos ocultar, se movían en el oriente de la ciudad. Hoy, ya colonizaron barrios de estratos medios y todavía esta ciudad no entiende el peligro que representa su crecimiento. Cali está de espaldas a estos muchachos desposeídos, la única alternativa que surge es sacarlos de las esquinas a punta de garrote. Pero, poco a poco, ellos también se han organizado y exhibiendo su criminal poder, ya enfrentan a la autoridad. Estos jóvenes, que según la Personería superan los dos mil, se venden al mejor postor. Están implicados en grandes hechos criminales, como el atentado a Londoño Hoyos; le trabajan a las tristemente famosas bandas criminales de ‘Urabeños’ y ‘Los Rastrojos’ (otro fenómeno delincuencial que se adueña hoy de barrios populares); organizan asaltos a unidades residenciales y tienen bandas destinadas al hurto de automóviles y celulares. Como siempre sucede en esta ciudad, los problemas diagnosticados no se solucionan. Hasta que no se vuelva inmanejable, ninguna autoridad intervendrá. Sólo esfuerzos aislados y desarticulados de una que otra organización no gubernamental intentan contener esta marea delictiva. ¿Estaremos esperando que las pandillas se transformen en esas desbordadas ‘Maras’ que gobiernan El Salvador y Honduras?

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