Pague, mire y vea, esta es la Feria para que vea

Febrero 10, 2017 - 10:51 a.m. Por: Gerardo Quintero

Desconozco quién fue el ‘genio’ de la Administración que le planteó la idea al alcalde Jorge Iván Ospina de cobrar por ingresar a las tarimas para observar los espectáculos de la Feria de Cali o si fue iniciativa del propio mandatario local, pero lo que sí tengo claro es que es una de las peores metidas de pata del médico-alcalde.Las explicaciones entregadas por funcionarios y el burgomaestre son indefendibles y la ciudadanía ha respondido indignada ante el atropello. No se concibe que una Feria, que fue pensada como una actividad popular para el disfrute de los caleños, hoy esté privatizada y nos hallamos regresado a las nefastas épocas del alcalde Apolinar Salcedo y su corte, cuando el espacio público fue arrendado para los amigotes de turno.Lo que más me sorprende es que un Mandatario, como Jorge Iván Ospina, que ha hecho del discurso de la inclusión social una bandera y cuya extracción popular lo hace tan cercano a la comunidad, hoy diga que “64.000 pesos no son nada” y que palabras más, palabras menos, esta polémica es simplemente una alharaca armada por sus enemigos políticos y contradictores en los medios de comunicación.No lo creo médico y, en este caso, considero que se equivocó de cabo a rabo. Es sorprendente, además, que un hombre tan hábil políticamente hablando, como Jorge Iván Ospina, no haya calculado que tal decisión le iba a generar tantas críticas. Es cierto, está sin recursos, seguramente los dineros invertidos en el estadio dejaron exhaustas las arcas del Municipio, pero es absurdo que el médico haya decidido dilapidar su evidente popularidad, con un acto tan poco estratégico.A seis días de terminar su mandato y cuando cualquier Mandatario local de pueblo hubiera aprovechado este momento de ‘pan y circo’ para hacer la Feria de sus sueños y despedirse por la puerta grande, Jorge Iván optó por la antipática medida de cobrar por ver espectáculos que hace tan solo unos años eran gratuitos. A esto hay que agregarle la falta de organización de la Administración que cobra y ni siquiera hace valer los palcos que algunos ciudadanos decidieron arrendar. Las quejas son frecuentes. Más de 20 personas que cancelaron los 64.000 pesos no pudieron ingresar al Salsódromo porque el palco ya estaba lleno. ¿Cómo así? ¿También aquí hubo reventa? Como si fuera poco, en esta ciudad sin autoridad, algunos particulares decidieron aprovechar los vacíos en el control para talar 80 árboles y poner sus tarimas, sin que nadie se diera cuenta. Para completar el cuadro, los sitios dispuestos para que los caleños observaran de pie los desfiles fueron invadidos por sillas que algunos ‘vivazos’ alquilaban entre $7.000 y $10.000 cada una. Al tiempo que vendedores ambulantes decidieron acordanar otros espacios con cintas y sogas, ofreciendo ‘combos’ de comida. No contentos con la absurda discriminación planteada desde la Administración para el que no tiene dinero, en algunos puentes peatonales se instalaron lonas altas para impedir que la gente observara el espectáculo. Lo mismo sucedió alrededor de las graderías, en las que barreras metálicas impedían observar los desfiles desde afuera. Si el alcalde Ospina creyó que esta decisión iba a ser acogida y comprendida por la comunidad pues ‘taco burro’, como dicen en el Caribe. El rechazo fue contundente en las redes sociales y la soledad en las tarimas ubicadas para la cabalgata fue una respuesta clara de los caleños que no le jugaron a este abuso de la Administración. Debió cerrar mejor su Gobierno Ospina, él mismo se lo debía, pero se apuntó mal y termina enredado en una polémica que desdice mucho de sus preceptos de inclusión, equidad y participación con los cuales comenzó su cuatrienio.

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