Más grandes que el odio

Más grandes que el odio

Junio 14, 2017 - 11:45 p.m. Por: Gerardo Quintero

“Colombia es un laboratorio de la historia, no la dejemos fracasar. No se puede vivir eternamente con desconfianza”. Las palabras del expresidente Mujica guardan sabiduría interior y dibujan exactamente lo que sucede en Colombia.

En un país sensato, con su memoria intacta y deseos de reparar las cicatrices, la entrega del 60% de las armas del grupo guerrillero más antiguo del continente hubiese sido recibido con alborozo. ¿Cuántas muertes se evitan sacando esas armas del terreno? ¿Cuántos llantos, viudas, huérfanos salvados?

Triste es que haya una oposición feroz que sólo quiere sangre, destila muerte. Desea ver teñidos los campos por nuevos combates. Piensa que la única salida es seguir mandando a otros (porque no son sus hijos, claro está) a que defiendan sus odios, su voracidad de tierra arrasada. No basta que la ONU certifique la entrega de armas de las Farc. No bastan las evidencias de que son armas de verdad y no de ‘palo’, y que se haya comprobado que no es un ‘falso positivo’. Se trata de mentir, de decir que todo el proceso es una falsedad, que lo único que sirve es que los guerrillos sean exterminados, ‘encenderlos a plomo’ como antes, como se ha resuelto la ‘vida’ en Colombia. Quieren construir un nuevo país con el viejo modelo que ellos mismos se encargaron de incendiar.

Mujica agrega que debemos “entender que es imposible andar a los besitos cuando se ha tenido un proceso de lucha de tantos años”. Y debe ser así, pero también es hora de recomenzar. ¿Entonces se trata, responderán otros, de hacer como plantea David Rieff en Contra la memoria, de reivindicar la necesidad del olvido en las sociedades? Tampoco lo creo, pero considero que todo tiene su momento, y si no logramos superar esas brechas, estaremos anclados al pasado sin poder de reacción. Lo han demostrado en la historia países envueltos en conflictos que han regado sus campos de violencia y muerte. Pasar la hoja será un proceso doloroso pero urgente para deponer rencores y construir una nueva ‘colombianidad’.

‘Pablo Catatumbo’, uno de los líderes de las Farc, ha sido consciente del daño provocado y en varias oportunidades ha pedido perdón a sus víctimas. No es suficiente, los sabemos, pero sus palabras de reconciliación parecen sinceras. “Las Farc queremos mostrar al país y al mundo que estamos cerrando una página de la historia y empezando otra: la de La Paz. Depositamos en las manos del pueblo colombiano la defensa del Acuerdo. Tengan la seguridad de que nosotros no les vamos a fallar”, dijo desde La Elvira, donde se realizó la entrega de armas.

Ya van 4.000 herramientas para la muerte entregadas, dice la ONU. El 20 de junio, es decir la próxima semana, la guerrilla tendrá que dejar hasta el último fusil en manos de los representantes de las Naciones Unidas. ¿Seguiremos profundizando la máquina de odio en la que han sido expertos los colombianos durante dos siglos? El expresidente español, Felipe González, lo sintetiza al decir que el Proceso de Paz logrado queda en manos de los ciudadanos. “Depende de la voluntad de todos, de la capacidad de conciliar y de esperar el futuro”.

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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