Más allá de la rumba

Enero 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Cada vez que hay un cambio de gobierno en los municipios o cada vez que llega un nuevo comandante de la Policía a la región la propuesta es la misma: unificar la hora de la rumba en Cali y los municipios vecinos.Quienes lanzan la propuesta aseguran que con ello se lograría reducir la accidentalidad y los homicidios en la región. Sin embargo, el planteamiento siempre se estrella con la negativa de los alcaldes de Yumbo y Candelaria , quienes se oponen a cualquier posibilidad de restringir el horario de la rumba en sus municipios.Por ser tan repetitiva la propuesta y tan obvia la respuesta de los mandatarios de turno de estos municipios, me pregunto si es que no existe un planteamiento más audaz a través del cual se busquen reducir los índices de accidentalidad y violencia en la región.Además de ser tan discutible que con disminuir las horas de rumba se acabe con la violencia, es claro que los alcaldes de los municipios vecinos no le juegan a esta posibilidad porque de las discotecas en sus alrededores sacan una tajada importante para las arcas de estas localidades. Como si fuera poco hay un contrasentido pues el mismo gobierno departamental alienta el consumo de bebidas embriagantes para invertir recursos en salud, mientras los mismos directores de estas entidades se lamentan por la cantidad de muertos y heridos derivados del consumo de licor . En resumidas cuentas estamos en un círculo vicioso: la Policía y las autoridades municipales de Cali quieren unificar la rumba , pero los alcaldes de Candelaria y Yumbo dicen que perderían ingresos vitales. ¿Entonces cuál es la salida? A la luz de las propuestas, todo se reduce a un control de la rumba y nada más. Lo ideal sería apostarle realmente a un proceso a largo plazo, un proceso que desestimule el consumo de licor y la rumba, como única opción de diversión en la capital del Valle.Por qué no pensar en el gran corredor nocturno de Cali, en el que estuviesen involucrados el sector gastronómico, culturales, tiendas de moda, cine, cafés, por citar algunos. Es cierto, puede parecer utópico, pero es la hora de cambiar la mentalidad de una ciudad que pareciera que vive solo para la rumba desfogada. No creo que la ciudad sea solo eso. Hay que crear los espacios, cambiar la cultura y las autoridades tienen la responsabilidad de contribuir y construir escenarios distintos al consumo de licor.

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