Llueve, y sin agua

Abril 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Cali tiene sed. La ciudad de los siete ríos está seca y la triste paradoja es que en cuanto más llueve, menos agua sale por nuestros grifos. Cuando creíamos superados los problemas que se presentaban cada vez que los tributarios del Cauca aumentaban su caudal, nuevamente el sistema de acueducto colapsó y el 70% de la ciudad se quedó sin el líquido.Mucha alharaca con el reservorio y con la primera lluvia fuerte colapsó lo que desde antiguas gerencias de Emcali nos vendieron como el gran remedio para la ‘caucadependencia’ de la ciudad. En Cali nos hemos acostumbrado a los pañitos de agua tibia. Los problemas del suministro de agua están diagnosticados desde hace más de diez años y los resolvemos con el almacenamiento de agua en un tanque grande. Ahora, los resultados de estas decisiones apresuradas se observan: el reservorio no alcanza a suplir las necesidades y si, como se prevé, la ola invernal continúa, la capital del Valle se verá abocada a suspensiones en el servicio de hasta 24 horas.Cali tiene agua potable garantizada por 16 años más, hasta el 2027, pero el problema no es tanto de cantidad como de calidad, dado que el río Cauca, que abastece el 70% de la ciudad, se contamina sin que nadie ponga freno. El problema es que cuando el agua llega muy turbia por concentración de lodo o muy contaminada no se puede captar en Puerto Mallarino y hay necesidad de parar la planta.Resolver estas dificultades tomará años. Habrá que definir sanciones a quienes contaminan y también formar una conciencia de protección. Pero mientras ésto sucede, Cali necesita alternativas. Por eso, es el momento de que se revisen proyectos como el de traer aguas de los ríos Timba, Vélez o Jordán. Otra propuesta que se debe considerar es correr la bocatoma de Puerto Mallarino al Paso de la Bolsa, 44 kilómetros al sur de Cali, para captar agua menos contaminada. Tampoco se puede descartar el embalse de Pichindé, pero lo cierto es que es hora de tomar decisiones reales, que solucionen un problema de primer orden. Una capital que aspira a convertirse en eje dinamizador de un país no puede ser tan vulnerable en un servicio básico para sus ciudadanos. Resolver esta situación debería ser primordial en cualquier agenda de un candidato que aspire a gobernar los destinos de la ciudad.

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