Lecciones del Caguán

Lecciones del Caguán

Febrero 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Diez años después de la fallida experiencia del Caguán, ésta resulta indispensable para emprender cualquier escenario similar de diálogo con las Farc y aprender, a partir de los errores cometidos, cómo se puede conseguir la anhelada paz en Colombia.En primer lugar, el Caguán nos dejó como lección que a un proceso de paz no se puede llegar a improvisar y que sólo con las buenas intenciones no basta. Cuatro años de extensas conversaciones temáticas que se enredaban en discusiones eternas no condujeron a ninguna salida. La agenda de negociación debe estar preestablecida y las partes ser honestas y dejar claro qué están en condiciones de negociar. Si el Estado no está dispuesto a discutir reformas agrarias, propiedad privada, estructura del Estado, de una vez debe dejarlo claro y evitar que las negociaciones entren a puntos de no retorno. Un segundo aspecto muy polémico es que difícilmente una negociación de paz se puede adelantar si no existe una tregua armada entre las partes. Eso de conversar mientras se ponen bombas, se secuestra o se hacen declaraciones salidas de tono ‘dinamita’ el proceso y genera en la sociedad civil desconfianza en los verdaderos propósitos de los encuentros. Las conversaciones de paz deben realizarse discretamente, mejor si son en un país amigo, donde no haya interferencias de ningún tipo y los diálogos no sean un show mediático que no aporta nada al proceso. Un escenario de paz tiene que estar a cargo de quienes ejerzan la política entre las partes en conflicto. Durante los fallidos diálogos en el Caguán quedó claro que con la muerte de Jacobo Arenas, las Farc se quedaron sin un referente político. Sus ‘hijos’, Alfonso Cano e Iván Márquez, no tenían mayor influencia en el proceso y en las conversaciones quedaron al frente los señores de la guerra, específicamente el ‘Mono Jojoy’. La paz se edifica a través de la política y los militares deben estar subordinados, en ambos escenarios, a lo que se acuerde en la mesa.Pero la sociedad civil también debe entender que una negociación de paz no es lo mismo que una capitulación. ¿Estamos dispuestos a aceptar la participación de estos antiguos guerreros en espacios como el Congreso, las gobernaciones, las alcaldías? ¿Tenemos la suficiente tolerancia para entender que el que piensa distinto de nosotros no es un enemigo? ¿Qué estamos dispuestos a negociar? ¿Están preparados los colombianos para apoyar un proceso de paz como tímidamente lo ha insinuado el presidente Santos? Esa es la gran pregunta.

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