Lección de ciudad

Agosto 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Se cumplen, por estos días, 40 años de un sueño que movilizó a toda Cali: la realización de los Juegos Panamericanos, una auténtica lección histórica de la unión de esfuerzos públicos y privados para sacar adelante una iniciativa que redundó en el progreso de la capital del Valle. Durante cuatro años, sin importar los apellidos ni los cargos, toda una ciudad le caminó no sólo a la consecución de la sede para estas justas, sino a la remodelación de escenarios deportivos y a la construcción de vías. El caleño de a pie no se quedó atrás: embelleció la fachada de su casa mientras los vecinos hacían lo propio con los parques de sus barrios. Qué nostalgia se siente al escuchar a los caleños que vivieron esa época. Porque, que recuerde, desde entonces no ha existido una propuesta, una idea de ciudad que haya suscitado un apoyo tan sincero y real. La demora es que un líder o funcionario exponga un proyecto en público y de inmediato se siente el clima de desconfianza.Repase los periódicos de los últimos años y abundarán los ejemplos: ¿para qué un sistema de transporte que haga más estrechas las vías y le costará a la ciudad un ojo de la cara? Se preguntaba la gente antes de que se pusiera el primer ladrillo del MÍO. ¿Para qué 21 Megaobras? ¿Para qué un Museo de la Salsa? ¿Para qué uno de Hernando Tejada? En este último proyecto, los paisas nos tomaron ventaja, sí entendieron la vitalidad de la obra de este maestro, nuestro maestro, y le abrieron espacio a la obra que él concibió en suelo caleño. Eso, claro, tiene una explicación: una y otra vez la confianza ciudadana sobre el manejo de los dineros públicos ha sido golpeada, mancillada y tirada en el piso por tanto escándalo de corrupción. Pero, ¿puede una ciudad crecer de esta manera? ¿Puede una capital sobrevivir en medio de la incertidumbre, del escaso respaldo hacia las iniciativas de sus dirigentes? ¿Cómo puede la ciudad enfrascarse en proyectos de largo aliento si no creemos en nada ni en nadie?Es indispensable volver a creer, plantearnos proyectos en grande, luchar por recuperar la confianza perdida. Lógico, tampoco apuntarle a cuanto embeleco nos proponen, pero es hora de que la ciudad encare propósitos colectivos. La lección que nos dejaron los Juegos Panamericanos es que sí es posible, es que somos capaces.

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