Las mentiras del poder

Las mentiras del poder

Febrero 10, 2017 - 10:52 a.m. Por: Gerardo Quintero

Comienzan a perfilarse los apoyos para las próximas candidaturas a la Gobernación del Valle. Francamente, da tristeza comprobar, una vez más, cómo se maneja la política en esta región.No conozco personalmente al señor Víctor Julio González, uno de los principales aspirantes al cargo en estas elecciones de transición, pero sí a quienes están detrás de su aspiración. González iba a ser el candidato del PIN, pero ante la pésima imagen de esta organización política decidió recoger firmas. Sin embargo, no es un secreto que González es el candidato de los congresistas elegidos por este cuestionado movimiento que se convirtió en la primera fuerza electoral del Valle del Cauca. Cabe recordar, además, que este partido fue duramente cuestionado por el apoyo descarado que le brindó en su momento el entonces gobernador Juan Carlos Abadía y varios de sus secretarios, amén de haber sido objeto de serias denuncias de ofrecimiento de dádivas a cambio de votos en varios municipios del departamento. A esto le sumamos, también, el apoyo decidido que González ha recibido del ex senador Juan Carlos Martínez, acusado de vínculos con el paramilitarismo y el narcotráfico y que hoy se encuentra recluido en la cárcel de la Picota.Cuando muchos creíamos que después de unas elecciones parlamentarias tan controvertidas se iba a producir en la región el gran timonazo político, nuestros ‘políticos ilustres’, aquellos que se rasgaron las vestiduras por los apoyos non sanctos’ al PIN, hoy son los grandes baluartes de la campaña de González.El primero que salió a ofrecer su apoyo fue el ‘histórico’ senador del Partido Conservador, Germán Villegas. Al parecer, Villegas tiene un profundo temor de quedar relegado del poder y, ante la disminución de votos que tuvo en las elecciones al Congreso, decidió aliarse con quienes ha expresado mayores diferencias. Villegas, hay que decirlo, no es que sea un dechado de virtudes, pero se había mantenido al margen de escándalos. Triste retiro para este ‘viejo zorro’ de la política regional. En esas mismas toldas conservadoras, observamos al Representante a la Cámara Heriberto Sanabria, de frente con el candidato del PIN. Este congresista es un político ambicioso con evidentes sueños de suceder a Villegas en el cacicazgo conservador. Pues bien, Sanabria no ha tenido ningún recato en unirse a González con tal de escalar posiciones. Tales apoyos no son gratuitos. Mis fuentes me señalan que Sanabria pidió apoyo al PIN en los municipios en los que Ubeimar Delgado, el otro cacique conservador del Valle, maneja los hilos. Lo que realmente pretende Sanabria es arrinconar a Ubeimar y apoderarse de sus bases políticas lo que, obviamente, le permitirá convertirse en la primera fuerza electoral conservadora y, de paso, dentro de cuatro años, en Senador del partido azul.Otro respaldo de peso proviene, ni más ni menos, que de la senadora Dilian Francisca Toro. La congresista evidentemente sabe que el PIN es un peligro para su proyecto y lo que se menciona en los corrillos políticos es que su apoyo está mediado por el respaldo que el PIN le ofrezca a sus candidatos en plazas como Palmira, Buga o Jamundí, municipios donde ha perdido espacio.Otras voces aseguran que el senador Roy Barreras también puede terminar absorbido en esta ráfaga electoral. Si esto se confirma sería el ‘apague y vámonos’ porque las críticas de Barreras contra todo lo que oliera a PIN fueron demoledoras, una vez pasaron las elecciones de marzo.Al final, ¿la conclusión cuál es? Que aquí no se tienen en cuenta principios políticos o de dignidad personal, ni siquiera de claridad conceptual. Aquí lo que importa es el negocio. Así de sencillo. De lo que se trata es de asegurar el negocio de la política. En el Valle los que mandan no son ni los más inteligentes, ni los mejores, ni los más honestos, ni los más estudiosos o preparados para gobernar; aquí el que manda es el que más plata tenga, el que más negocios ‘corone’, el que más contratos pueda sacarle a una entidad oficial, el que más pueda ofrecer. Y no es que piense que Jorge Homero Giraldo es mejor candidato. No soy tan ingenuo. Considero, incluso, que en la gente del Partido Verde hay mejores aspirantes, pero seguramente por ellos muy pocos van a votar. Aquí ya nos acostumbramos a esa política mentirosa, promesera, egoísta, ‘del cómo voy allí’. Ya ni recuerdo si hubo otra forma de hacer política en el Valle. A mí la verdad poco me importa de qué procedencia sea el candidato; sí me preocupan sus relaciones, sus antecedentes, sus votaciones, cómo actuó frente algún contrato determinado. Pero por lo que observo, hoy eso poco o nada importa. Las máquinas politiqueras nos invadieron y nos trituraron.

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