Las fallas del MÍO

Las fallas del MÍO

Febrero 10, 2017 - 10:51 a.m. Por: Gerardo Quintero

No tengo la menor duda de que hoy el sistema de movilización masiva en Cali es mucho mejor que hace algunos años. El MÍO, a pesar de sus dificultades iniciales, es un sistema de transporte rápido, seguro y confiable. Debo confesar que en un principio no le tenía mucha fe al proyecto y que me parecía desafortunado el hecho de que la Nación nos hubiera bajado del Metro y nos subiera a un sistema de transporte de gigantescas orugas.Hoy el MÍO lentamente está reemplazando el agresivo sistema de buses antiguo y creo que todos nos sentimos mejor. Acabada la guerra del centavo, ya los pasajeros no somos tratados como unas reses dentro de los buses. Los gritos a la hora de timbrar, las groserías escritas en las sillas, el escándalo del radio del conductor, las vulgaridades del mismo a las mujeres, entre otras perlas, son cosas del pasado.Sin embargo, a pesar de la euforia que podamos tener por el MÍO, considero pertinente señalar algunas situaciones incómodas que urge solucionar antes de que se vuelvan inmanejables.En primer lugar, desde mi percepción los operadores del MÍO no han podido hacer un buen control de los despachos de los buses. Eso ha determinado que rutas como la T31, que conecta el sur y el norte , tengan hoy unos problemas de ‘hacinamiento’ terribles, especialmente en horas pico. Esto hace que en algunas oportunidades uno se sienta peor, que cuando existían los buses del pasado. Cuando se cierra la puerta, literalmente queda uno ‘embutido’ en los buses. No se pretende que haya un bus por pasajero, pero no tengo dudas que las condiciones pueden cambiar y que enviar padrones con más regularidad permitiría hacer el sistema un poco más amistoso para los usuarios.La falta de información es de las peores cosas que tiene el sistema. No existe una cartelera, unos volantes, un sitio de información que le permita al usuario saber cuáles son las rutas de los padrones (y eso que es de los más conocidos) y lo peor, no hay información sobre los alimentadores. Es inevitable tener que preguntarle al guarda de turno, que, obviamente, no tiene el conocimiento suficiente y termina por recomendarle a uno que se baje en cualquier estación y vuelva y pregunte. La verdad es que esto podría solucionarse fácilmente con una estrategia de comunicación que permitiera a los ciudadanos conocer su sistema de transporte y hacer el mejor uso de él. Porque no hay derecho que uno se baje, por citar un ejemplo, en la Avenida Roosvelt, y luego necesite ir hacia la Autopista Suroriental y no haya en todo el trayecto ninguna información que permita saber dónde se toma el bus alimentador que lo lleve a ese destino.Es inconcebible, por ejemplo, que los usuarios tengan que estar a la intemperie esperando los buses alimentadores. Unas descoloridas señales en el piso son las únicas señales de que allí para un alimentador. Cómo es posible que en Metrocali no hayan decidido construir unos paraderos agrabables, que tuvieran información sobre la ruta de ese alimentador (por dónde pasa, adónde llega, qué otras opciones hay, etc) y que permitieran a los usuarios resguardarse de la lluvia o de la inclemencia del sol. Era algo obvio, pero no lo hicieron.Por último, del sistema deberíamos estar empoderados todos. Por lo tanto, la recarga de las tarjetas debería hacerse (por poner un ejemplo extremo) hasta en una panadería. He ayudado en no pocas oportunidades a gente que toma un alimentador y cuando pasa la tarjeta ya no tiene créditos, entonces la obligan a bajarse. Esa recarga debería hacerse en todas las tiendas de la ciudad. El sistema va a crecer y lo importante es corregir los errores desde ya, para que no nos vaya a ocurrir lo que sucedió en Bogotá y, que al final, el MÍO resulte más recriminado que los buses a los cuales reemplazó.

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