La cruz del pesimismo

La cruz del pesimismo

Marzo 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

El maestro premio nobel de Literatura José Saramago respondió una vez, cuando lo cuestionaban por sus ácidos comentarios, “yo no soy pesimista, lo que pasa es que el mundo esta pésimo”. Al hombre que nos regaló el ‘Ensayo sobre la ceguera’ también se le atribuye otra frase del mismo calado: “Yo no soy pesimista, simplemente soy un optimista bien informado”. Traigo a colación al maestro de las letras portugués, ya fallecido, luego de revisar el informe del Programa percepción ciudadana sobre la calidad de vida en diez ciudades colombianas, del programa Cómo Vamos. Las conclusiones son demoledoras. O los caleños somos unos pesimistas irredentos o unas realistas devastadores, porque de otra manera no puede uno explicarse cómo los indicadores para nuestra ciudad resultan tan negativos. De acuerdo con los datos de esta encuesta, los caleños se encuentran entre los menos optimistas, orgullosos y satisfechos de su ciudad, en comparación con las otras capitales del estudio.Mientras el 74% de los paisas considera que Medellín va por buen camino, solo el 43% de los caleños opina lo mismo, apenas superamos a los bogotanos y los cartageneros. Y si de orgullo por la ciudad hablamos, los caleños ocupan el noveno lugar, sólo por encima de la percepción de los ‘rolos’. El pesimismo de los caleños tiene un colofón que pareciera reflejar el desgaste de años de malas administraciones y deterioro de la capacidad de respuesta de la ciudad a sus problemas. La capital del Valle es la urbe con mayor percepción de que tanto las organizaciones públicas como las privadas no hacen nada por mejorar la calidad de vida de sus habitantes.Para muchos será un estudio más. Las administraciones poco valor le prestan a este tipo de investigaciones, salvo cuando les va bien, pero el alma de una ciudad no puede estar tranquila cuando sus indicadores de percepción demuestran tan poca confianza y esperanza hacia sus diferentes instituciones. Esta encuesta del Programa Cali Cómo Vamos ameritaría un análisis permanente en diferentes espacios de debate de la ciudad, porque la responsabilidad no le cabe solamente a una administración, pasajera por demás. Un gobierno pasará, pero la ciudad seguirá respirando sus desesperanzas, transitando sus infortunios irresueltos, desbocando su pesimismo incontrolable sin lograr solución. Una ciudad en construcción no puede darse el lujo de relegar en el cajón de las miserias olvidadas su propio desazón. El corazón de la ciudad no palpita a buen ritmo. No podemos estar de espaldas a una realidad agobiante, Cali necesita una urgente vuelta de tuerca.

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