La cochinada del fútbol

Febrero 10, 2017 - 10:54 a.m. Por: Gerardo Quintero

Dice Luis Bedoya, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, que si en lugar de sancionar y castigar, el Gobierno no está del lado del balompié, “el fútbol va a sufrir muchísimo y puede tener un dudoso futuro”.En una entrevista que le concedió al periodista de El País, Francisco Henao, Bedoya, al hablar sobre los castigos a los equipos que están incumpliendo sus compromisos de ley, asegura que “las sanciones que está imponiendo Coldeportes no son competentes y así lo reconocieron muchísimas administraciones de Coldeportes hasta hace un par de años. Los clubes han tenido decenas de sanciones por situaciones de carácter laboral, pero estos castigos vienen de las oficinas competentes que son las del Ministerio de Protección”.Esa falta de autocrítica en el fútbol profesional es la que ha hecho tanto daño a este deporte de multitudes. Que sus dirigentes asuman esa posición, en la que en vez de cuestionar a sus afiliados, critican al Estado por cumplir con su deber, es la que hace que este deporte sea tan bizarrro y juegue siempre en el límite de la legalidad.Bedoya no es el único, pero él representa a ese grupo de dirigentes que considera que en el fútbol colombiano no pasa nada y que las cosas, como funcionan hasta ahora, están muy bien. Son esos mismos que se indignan cada vez que un Presidente de la República o peor, un ministro (qué tal, un pobre ministro) se atreven a cuestionar algunos manejos de este deporte en Colombia.Aquí estos dirigentes son intocables y sus actuaciones, también. Por eso ellos crean ese ‘paraestado’ futbolero, en el que atreverse a sugerir que se aplace por unas fechas la realización del campeonato, ante la ola invernal, es poco menos que una estupidez. En el que exigir a los clubes en Colombia que les paguen a sus trabajadores los servicios de salud para ellos y sus familias es “no estar al lado del balompie”. Es el mismo escenario en el cual presidentes de los clubes y ‘grandes mecenas’ son dueños de la vida de un joven que le da patadas a un balón y pueden bloquearlo sino hacen lo que ellos, en su sabiduría divina, decidan, casi siempre en beneficio de sus bolsillos, claro.Son esos mismos dirigentes del fútbol colombiano, que seguramente estaban muy niños, y no recuerdan cómo llegaron los dineros del narcotráfico al fútbol. Pero, al final, quién iba a denunciar si todos convivían y se arropaban con el pedazo de cobija que les dejaban los hermanos Rodríguez Orejuela, Edmer Tamayo, Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha, Phanor Arizabaleta, los Correa, los Upegui, por citar algunos de los narcos que llenaron con sus alforjas de dinero el fútbol colombiano de los años ochenta.Son esos mismos directivos que tampoco vieron cómo los paramilitares se apoderaron de varios equipos de la Primera B y prefirieron voltear su mirada hacia otro lado, sin denunciar y sin incomodar a nadie y menos a los patrones del momento. Pero así como no cancelan los salarios de sus trabajadores ni les pagan un sistema de salud, sí están dispuestos a desembolsillar 20.000 y 30.000 dólares a la figura de sus equipos sin chistar, amenazando la estabilidad del propio mercado futbolero.Poco de limpio hay en el fútbol colombiano. Las historias de cuánto hay que pagar para jugar en el fútbol profesional o integrar una selección juvenil son frustrantes para los propios jóvenes que han apostado sus sueños en este deporte. Qué bueno sería que estos dirigentes del fútbol colombiano de verdad quisieran limpiar este deporte y no seguir metiendo los muertos debajo de la alfombra, porque la verdad el fútbol profesional de este país hace rato que huele muy feo.

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