La caída

La caída

Octubre 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Si hay una mejor manera de entender por qué Colombia nunca apostaría por un proyecto político de las Farc, basta mirar hacia Venezuela para entenderlo. Lo que está sucediendo en el país hermano es el desmoronamiento de un sistema. Un proyecto que nació con Hugo Chávez y que intento reivindicar a una comunidad marginada terminó devorando su propio pueblo y hoy ni siquiera sabemos cómo va a terminar. Algunos políticos de nuestra fauna han expresado su temor de abrir las puertas de la política a voceros de las Farc porque ante el desgaste y corruptela de nuestra clase política se pueda colar un líder populista que convenza a una gran masa para que voten por él y esto se nos convierta en Venezuela. Me pregunto, ¿por qué no piensan más bien en expulsar de los partidos a los que hacen esa política corrupta para que no siembren la semilla de fenómenos similares a los de Venezuela? La llegada de Hugo Chávez al poder no fue gratuita, de hecho estuvo precedida de un desgaste de los partidos políticos y el descreimiento de la sociedad en el sistema por los altos niveles de corrupción y la ausencia de solución a los problemas de los más pobres. Lógicamente llegó un líder como Chávez, habló a los más desfavorecidos como ellos esperaban y se ganó el fervor no solo de los desposeídos sino también de la clase media. Luego el régimen se corrompió, el poder obnubila y a costa del propio pueblo que se juró defender, comenzó la caída hacia el abismo con Maduro.¿En Colombia eso puede ocurrir? Desde el punto de vista político un proyecto de ese tipo no parece tener mayor futuro en Colombia. La experiencia venezolana hace polvo cualquier intento similar en nuestro país. Pero lo que sí es cierto es que cada vez más los colombianos desdicen de sus políticos. No les creen por ladrones, por sinvergüenzas, por embusteros y esa falta de credibilidad es la que permite que surjan ‘outsiders’ que terminan siendo un tiro al aire en la administración, para no ir más lejos en Cali hemos tenido varios ejemplos de ello. Lo que pasa es que a diferencia de Venezuela, en Colombia el equilibrio de pesos institucionales está más marcado, hay una sociedad civil más organizada y no hemos tenido tradición de gobiernos populistas. La presencia de representantes de las Farc haciendo política se podría traducir en un campanazo para los políticos tradicionales, pero eso no quiere decir que nos encaminamos hacia un régimen castro-chavista, como han querido asustar. Seamos serios, solo basta mirar la casa del vecino para entender que ninguna persona sensata puede pretender un proyecto similar para este país.

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