Guerra en el Cauca

Julio 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

“Actos de violencia generan violencia y esto que hemos vivido hoy hace parte de ello. ¿Por qué los colombianos nos tenemos que maltratar entre hermanos?”. Cómo retumban estas palabras del sargento Rodrigo García, expresadas con dolor momentos después de ser desalojados del Cerro Alto Berlín, en Toribío, por un grupo de mil indígenas. Tiene razón, Sargento, actos de violencia generan violencia. Ese es el círculo vicioso en que nos hemos mantenido en los últimos 60 años. No es gratuito que esos indígenas, en un acto repudiado por la mayoría de los colombianos, hayan expulsado de la base a los militares. Ellos son hijos de esa violencia, la han vivido por décadas. Años de olvido del Estado, décadas de fragmentación social, días incontables de una insignificante presencia del aparato estatal producen hechos como los ocurridos el pasado lunes. Hoy los indígenas del Cauca se encuentran en el ojo del huracán. Señalados, una vez más, de guerrilleros y cultivadores de coca, esos mismos indígenas reclaman paz en sus territorios, cansados de que una y otra vez las Farc se tomen sus municipios y los conviertan en escudos humanos para evitar el avance militar. Para muchos colombianos, eso es el Cauca, un nido de indios guerrilleros que se vuelve noticia hoy porque desalojaron a las Fuerzas Militares de una base. Pocos se detienen a mirar hacia atrás. Pocos se toman unos minutos para analizar por qué movimientos subversivos como el M-19, Quintín Lame, ERP, ELN, Ricardo Franco y las Farc, en sus inicios y ahora, tomaron las montañas del Cauca como su refugio y su espacio para reproducir su discurso de guerra, alimentado ahora, como si fuera poco, por alianzas con bandas criminales que operan en Balboa, Argelia y Timbiquí y que controlan la producción de alucinógenos. Décadas de inasistencia estatal, de creer que el Cauca comienza y termina en Popayán, de pensar de manera obtusa y segregada que una cosa son los indios y otra los ‘blancos’ nos han conducido a esto que hoy nos indigna, como si los olvidos del pasado no fueran también lacerantes.Es fatigante lo que sucede en el Cauca, pero si la presencia del Estado se reduce a enviar más soldados y llenar de tanques y armas las montañas probablemente se calmará temporalmente la situación, pero las condiciones objetivas de la guerra continuarán intactas en el departamento.Escucho los vientos de guerra. Algunos voces atronadoras piden decretar la conmoción interior, restringir libertades individuales y aplastar con todo el andamiaje militar a los indígenas. “Actos de violencia generan violencia”. Sí, Sargento, usted tiene razón.

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