Goleados por los vándalos

Febrero 10, 2017 - 10:51 a.m. Por: Gerardo Quintero

De nuevo, los vándalos regresan al estadio y cual horda de delincuentes arrasan con los barrios San Fernando, El Templete y, claro, como no, el estadio Pascual Guerrero. Otra vez, cientos de espectadores, temerosos, confundidos, debieron quedarse en la tribuna observando impotentes como una masa de drogadictos, vándalos, borrachos acaban con un espectáculo deportivo.Otra vez saldrán las voces de aquellos que justificarán estas acciones diciendo que “probrecitos, que nadie los entiende”, que es que la pobreza, que es que no tienen oportunidades, que tenemos que comprenderlos, que las condiciones sociales, que la soledad. No, ya basta con eso. Cada partido de fútbol, cada clásico de pacotilla en Cali se ha convertido en una guerra y la ciudad y especialmente el sur de Cali, queda bloqueado.Los vándalos, que dicen ser hinchas del América o del Deportivo Cali, comienzan desde temprano su intimidación. Unos se toman el Parque de El Templete, otros el Parque Panamericano, unos más los parques del sector oriental del estadio y otros se apoderan de la Avenida Roosevelt. Es allí donde despliegan sus tácticas intimidatorias exigiendo dinero para supuestamente ingresar al estadio, cuando todos sabemos que esa platica se va como humo por el Pascual. Pobre del que diga que no. A madrazo limpio lo estallan y con golpes o rayones a los carros se marchan indignados porque no se les dio dinero. La Policía, mientras tanto, bien gracias.Ingresar al estadio hoy es un espectáculo grotesco. Jóvenes borrachos, drogados, en grupos, robando, intimidando, cazando pelea, realmente es deprimente y peligroso asistir hoy al estadio. ¿Quién se aventura a ir hoy al Pascual con sus hijos? Personalmente he sido testigo de cómo esta horda de delincuentes disfrazados de hinchas salen del estadio y por la Roosevelt acechan a sus víctimas para robarles celulares y dinero. Cuando una sale del Pascual y se encuentra con estos delincuentes es como recorrer un patio de la cárcel de Villahermosa.Mientras no existan verdaderas medidas represivas, que impidan el ingreso de estos delincuentes, poco se podrá hacer para corregir esta situación. Aquí las leyes se queden en el papel y se estará esperando, tal vez, que ocurra alguna tragedia para tomar acciones de fondo. En Inglaterra el descontrol era similar al de aquí, pero allá sí hubo autoridad que pusiera el ‘tatequieto’. ¿Se acabó el fútbol? No ¿Se vacearon los estadios? Claro que no, ahora hay familias que van tranquilas a ver los partidos. La gente alienta, nadie se mete a la cancha a provocar a la hinchada rival, no hay peleas en las afueras del estadio, no roban en los alrededores. ¿Cómo hicieron? Impidieron la entrada de los delincuentes, se les tomaron fotos, se les reseñó, los metieron a la cárcel, se instalaron cámaras en los estadios, se hizo seguimiento, inteligencia policial, se acabó el mercado negro de las drogas, no se permite el ingreso de borrachos o drogados y ¿qué pasó? El fútbol cambió. La vida en los estadios se modificó. Los comportamientos cambiaron. ¿Se acabó el fútbol inglés? No, por el contrario, floreció.Aquí se toman el MIO, destruyen estaciones, roban en los alrededores del Pascual, esconden armas en los antejardines del barrio San Fernando, se drogan en las tribunas y en las afueras del coliseo, se toman la cancha, acaban los partidos cuando les da la gana, exigen dinero, aprietan a los asistentes, se llevan por delante a la Policía y ¿la ciudad? Que siga la fiesta.

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