¿Generación perdida?

Mayo 02, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Unos piden más policía en los centros de reclusión de menores. Otros advierten que es necesario modificar el Código del Menor para buscar que desde los 16 años un adolescente sea juzgado como adulto. Más allá escucho a algunos congresistas y funcionarios pidiendo que el control de los menores lo ejerzan empresas privadas de seguridad y otros exigiendo que se abran salas anexas en cárceles de adultos para recluir a chicos infractores.Otro más dice que urge construir más ‘prisiones’ que alberguen a los muchachos que han incurrido en delitos porque esto se ‘salió de madre’. Sí, seguramente el que en la ciudad se hayan presentado en dos semanas cuatro fugas que han dejado 68 menores evadidos, diez heridos y tres muertos amerita tomar acciones urgentes. Sin embargo, lo que no me deja la consciencia tranquila es que nadie se preocupe o ni siquiera manifieste alguna inquietud por la resocialización de estos muchachos.Solo leo y escucho la ‘urgente’ necesidad de meterle más seguridad, más policía, más represión, pero me sorprende que nadie se preocupe por hacer propuestas de cómo podemos arrebatar a estos jóvenes de las garras de la delincuencia. Tengo la triste sensación que a nadie le importan esos muchachos encerrados en esos centros, en donde supuestamente deben salir reformados para servirle a su sociedad. Lo evidente es que esos espacios hoy son simplemente la primaria de los futuros sicarios, integrantes de bandas criminales y eso a nadie mortifica. Por favor, ¿aumenta el número de jóvenes delincuentes en la ciudad, sube la cifra de muchachitos sicarios y lo único que se nos ocurre es pedir que construyan más centros de reclusión? ¿Nadie se da cuenta que se está edificando una generación perdida? Sí, lo sé, son negros, pobres, la mayoría vive en las barriadas populares de la ciudad y por eso a muchos no les importa su suerte ni desean desgastarse en proponer alternativas. Pero ese es el karma de esta sociedad indiferente, insolidaria e injusta. La cultura del dinero fácil, la pérdida de valores esenciales de familia, las escasas alternativas educativas y laborales y el poco acompañamiento del Estado están construyendo la tormenta perfecta de la perversión entre nuestros jóvenes. Esa es la nueva ciudad que se construye fuera de la comodidad de nuestras paredes de la casa y la oficina. Aumentan los menores de edad asesinados y el dato es una estadística más que nos pasa como el viento. No hay un minuto para reflexionar. Lo triste es que para muchos jóvenes, ya es demasiado tarde.

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