Generación en peligro

Generación en peligro

Julio 29, 2010 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Hace una semana, un adolescente de 16 años mató a un pastor en una iglesia cristiana del sur de Cali. El martes pasado, dentro de la Universidad Santiago de Cali, un joven sicario de 17 años acabó con la vida del decano de la Facultad de Ciencias Económicas de esta institución y ayer, un padre de familia, que había dejado a su hija en un colegio del oeste de la ciudad, fue acribillado por dos adolescentes que iban en una bicicleta. Entre enero y junio de este año fueron capturados 975 menores de edad, 197 más que en el mismo periodo del año pasado. Para completar las terribles cifras, de las más de mil muertes que han ocurrido en la capital del Valle en lo corrido del 2010, el 12% son menores de edad.La utilización de sicarios en Cali que aún no cumplen los 18 años es una clara estrategia de las redes delincuenciales de la ciudad. Amparados en unas medidas laxas y con la posibilidad siempre latente de escaparse de su centro de reclusión, los adolescentes asesinos simplemente hacen ‘el curso’ para luego ir a la universidad del crimen, Villahermosa, donde ‘aprenderán’ el resto de lo que les falta para terminar su carrera al delito.Lo que está ocurriendo con los menores en Cali ha adquirido ribetes dramáticos que urgen la unión de diferentes sectores para diseñar estrategias que permitan ayudar a una generación que parece perderse en medio de la delincuencia, droga y alcohol. Todo esto, claro, va de la mano de una ciudad que no ofrece muchas alternativas para los adolescentes. Hay algunos esfuerzos en la empresa privada y en el sector público que carecen de una articulación y que no pasan de ser un pequeño rayo de luz, en medio de la espesa neblina. En este proceso, sin embargo, nos tocará aportar a todos: padres de familia, educadores, dirigentes, porque los ejemplos que estamos dando en la región tampoco son los mejores. Hay una realidad y es que en medio de la indiferencia nuestros jóvenes se matan en los barrios populares, son contratados como sicarios por las escuelas del crimen organizado y se enfrentan en tropeles infinitos en discotecas ‘play’, mientras beben y rumbean en una ciudad que parece ser lo único que les ofrece como alternativas de recreación. Para algunos jóvenes caleños la vida corrió deprisa y se desvaneció tristemente. Estamos a tiempo de hacer un alto en el camino y romper el ‘no futuro’.

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