¿Es posible un gobierno de unidad?

Febrero 10, 2017 - 10:51 a.m. Por: Gerardo Quintero

Me gusta la propuesta de Juan Manuel Santos de convocar a un gobierno de unidad nacional y trato de no entenderlo como un llamado a cercenar las críticas de la oposición, necesarias en todos los postulados de una democracia. Tampoco lo asimilo como la conformación de un nuevo Frente Nacional, alternativa en su momento para atender la violencia que se vivía y reorganizar el país después de la caída de la dictadura de Rojas Pinilla.En su discurso, entiendo que Santos clama por una unión de voluntades y no politiqueras. Ha tenido palabras generosas hacia sus contrincantes y no ahorró elogios para Noemí Sanín ni Gustavo Petro, tal vez los dos aspirantes al primer cargo del Estado que más fuerte se refirieron a él.Santos, con este discurso, ha sido inteligente y hábil como político y como persona. El ex ministro de Defensa no es igual a Uribe, para bien y para mal. Quienes crean que Santos será una vil fotocopia del presidente paisa se equivocan. No olviden que el ‘favorito’ de Uribe era Andrés Felipe Arias, el inefable ministro de Agricultura, quien era el ‘elegido’ porque se podía moldear a imagen y semejanza. Santos, no lo olvidemos, es hijo de una de las más importantes y poderosas familias de este país. Está acostumbrado al poder y, sobre todo, a mandar. Eso quiere decir que están equivocados quienes crean que Santos será simplemente un ‘yes men’ para los caprichos o pensamientos de Uribe.Esta decisión de Santos de convocar a la oposición y, en general, a quienes no lo sientan como su candidato, a conformar un gobierno de unidad nacional, de tener palabras elogiosas hacia Gustavo Petro o hacia su inmediato seguidor, Antanas Mockus, era impensable en el gobierno de Uribe. ¿Alguien recuerda al presidente Uribe refiriéndose en buenos términos a Petro, Piedad Córdoba o Carlos Gaviria?La escogencia de Angelino Garzón como su fórmula vicepresidencial, con todos los costos que eso le iba a generar, con todas las críticas que le iban a llover por parte de los uribistas más recalcitrantes, es también una muestra de que Santos, en pequeñas cosas, se va a ir desmarcando de Uribe Vélez.El ex ministro de Defensa también, no lo olviden, es una persona más urbana, más cercana del Time Square de Nueva York, que de la finca del Ubérrimo en Córdoba. Más cercana de una noche de copas de fin de semana, que del encierro en la hacienda a enlazar las vaquitas. Más cerca de una tarde de cartas con amigos, que de pasear a caballo sin regar el tinto. En fin, a Santos le preocupa cómo lo perciban los círculos de la élite bogotana, los amigos políticos de Londres y Washington, cosas que a Uribe le importaban un comino. Santos, tampoco lo dejemos en el olvido, tiene un pensamiento más liberal, no sólo en términos de mercado sino en su forma de pensar. Santos, a pesar de su apellido, es de poca camándula y mucho, pero mucho, más terrenal.Su llamado lo entiendo como un grito para intentar curar esas agrietadas heridas que han quedado después de ocho años del régimen Uribista. Muchos lo han interpretado como un acto politiquero y oportunista, pues yo quiero creer que no, que le nace de su corazón y que ha entendido que el país debe trazar caminos de reconciliación, de trabajar en proyectos mancomunados, en opciones conjuntas, así no pensemos igual.El problema en Colombia es que la mayoría de gente cree insalvable tener concepciones diferentes de la vida con su par. Esto determina prácticamente que lo desconozca, que no pueda, ni siquiera, sentarse en la misma mesa, compartir un plato, saludarse. Lo que practicamos es una intolerancia física y de pensamiento. Parecemos no soportar a nadie que piense o hable diferente a nosotros, sólo basta que le den una mirada a las redes sociales para que confirmen lo que estoy describiendo.Hoy, si se piensa distinto en términos políticos, se es poco menos que guerrillero. Si alguien respalda alguna tesis de Santos entonces es un ‘paraco’ o un defensor de la corrupción, si otro defiende postulados de Mockus es un ingenuo y pretende entregar el Estado a Chávez o a Correa, qué niveles de intolerancia son los que hoy tristemente recorremos...Ese pensamiento es el que, sin duda, nos ha llevado a tanta violencia que hoy repetimos una y otra vez. Aquí no se trata de descalificar a nadie. Santos, virtual ganador de las elecciones, está extendiendo su mano, entonces por qué somos tan desconfiados. ¿No será mejor ser generosos y creer, siquiera un poco, que hay una ventana abierta, sin necesidad de despotricar de su postura?Lo reitero, me gusta su propuesta, Colombia necesita reencontrarse por caminos de unidad. Sólo el paso del tiempo dirá si su propuesta era genuina o si el país estaba maduro para caminar por esos senderos.

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