Entre la 'mona' y el 'negro'

opinion: Entre la 'mona' y el 'negro'

Es tan degradante, podrida y patética la...

Entre la 'mona' y el 'negro'

Febrero 10, 2017 - 10:51 a.m. Por: Gerardo Quintero

Es tan degradante, podrida y patética la política en el Valle del Cauca que hoy sus máximos y poderosos representantes se encuentran inmersos en investigaciones que nos reflejan porque estamos como estamos. Por un lado tenemos a la ‘monita’, la cacica Dilian Francisca Toro, a quien La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia le abrió investigación por el delito de lavado de activos. . La expresidenta del Congreso fue denunciada hace dos años por las supuestas relaciones con un hombre que fue condenado por lavado de activos. Ese vínculo se habría hecho evidente por una transacción que hizo una empresa de la cual ella es socia junto con su esposo. El caso se remonta al 2007 y según las denuncias, 289 millones de pesos girados por la empresa de Toro fueron a parar a las cuentas de Hans Barney Salazar, quien fue condenado a 72 meses de prisión por el delito de lavado de activos en el año 2005.Y al otro lado de la cerca tenemos al ‘negro’ Juan Carlos Martínez, el dueño de las consciencias de miles de electores del Valle del Cauca, sindicado de narcotráfico, condenado por aupar el paralimitarismo en el Valle y el mismo al que ahora se acusa de ser el ‘cerebro’ del fraude que se iba a cometer en las elecciones atípicas para gobernador del pasado 1 de julio.Pues bien, estas dos lumbreras de la política son lo que nos merecemos. Estos ‘animales políticos’ son nuestros mejores representantes. A través de ellos miles de vampiros de la política chupan los recursos de cada secretaria, cada entidad descentralizada del departamento para alimentar el monstruo insaciable de sus movimientos políticos, en medio de nuestro brutal silencio y respaldo sumario en las urnas.Lógicamente, basta escuchar sus declaraciones para entender que todo esto es una persecución de los enemigos políticos. Leer sus respuestas a las sindicaciones es comprobar que al uno lo persiguen por negro y pobre (válgame Dios) y a la otra porque es muy exitosa.Para mí, ambos son fieles representantes de la politiquería, la misma que ofrece el tamal, la lechona, la plata y el bulto de cemento. La misma politiquería que enseñan a sus segundos y terceros. La misma que aprendió ese otro coloso de la política vallecaucana llamado Juan Carlos Abadía. Todos son de la misma estirpe, todos se cobijan y se cobijaron con la misma manta. Por eso es que después de estas elecciones atípicas ahora solo habrá un cambio de ropaje o de maquillaje. Sale el ‘negro’, el Pin y el MIO y entra la ‘mona’, la U y el resto de partidos, más de lo mismo.Aquí no se construyen nuevos liderazgos, los futuros secretarios del despacho son los mismos con las mismas. Cómo será que hasta andan postulando a Guillermo Ulloa para que gerencie la Licorera del Valle, ¡Por Dios! ¿Hará Ubeimar Delgado algo diferente en su paso por la Administración Seccional? Sinceramente, no creo. El problema es del sistema. Las telarañas de la corrupción están muy bien entretejidas. Ojalá me equivoqué (y el también) y Delgado decida cortar de raíz con las peticiones que le lloverán de todos los caciques del Valle para que verdaderamente siembre la semilla de un nuevo orden administrativo en la región.Pero no soy optimista. Podrá anunciar buenas intenciones, pero hay mucha plata y poder en juego. Ya pasó el cuarto de hora del PIN y del MIO, ahora siguen los demás. Quizás éstos no serán tan burdos y primarios como los ‘petardos’ del MIO y del PIN, pero no los subestimemos, ellos también tienen lo suyo.Recuperar las buenas formas de la política no es cuestión de una administración, pero por alguna parte habrá que empezar. Demoraremos años en rescatar el concepto, en entender que la política no se hace con el estómago de la gente ni con sus necesidades. Tardaremos decenios en comprender que la política se basa en el juego de las ideas y en el impulso del bienestar de los ciudadanos. Pasaremos muchas lunas y nos lamentaremos muchas noches para lograr sacar el polvo debajo de las alfombras. El proceso no comenzará con estos políticos, con ellos ya no hay nada que hacer. Será otro liderazgo, construido desde la escuela y la casa y para que eso rinda frutos tendrán que pasar décadas. ¿Quién sembrará la semilla? ¿Quién removerá la tierra para que este Valle de lágrimas no se repita en 20 ó 30 años?

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